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ANÁLISIS

Tú dices recuperación, yo digo desigualdad

Antón Losada

Durante su intervención de la mañana a Mariano Rajoy solo le faltó decir que el milagro era él para recordar al Aznar más desagradable. En la sesión de la tarde completó su proceso de aznarización y volvió a parecerse al candidato rudo y faltón que perdió dos elecciones ante Zapatero por confundir la contundencia con la mala educación y la firmeza con la bronca. A Mariano Rajoy, como a aquel Aznar, parece que ya solo le cae bien y le merece respeto él mismo. Quienes le hacen oposición fuera del Parlamento son demagogos llevados por una ventolera. Quienes le hacen oposición en el hemiciclo carecen de nivel y preparación; menos Duran Lleida que siempre se las arregla para llevarse de maravilla con el presidente de turno.

Pedro Sánchez salió tan contundente como descentrado. Igual que los boxeadores jóvenes ante su primer combate de campanillas, se lanzó a castigar el hígado del rival para cumplir con su hinchada. Se dejó enredar por una bancada popular maestra en el arte de distraer al orador con bobadas pero, pasados los nervios del debut, se fue asentado. Hasta se apuntó buenos ganchos, como recuperar las fechas cuando Rajoy ya había prometido lo que ayer volvió a prometer, o recordarle las portadas de los periódicos nacionales e internacionales que informaban sobre el rescate que presumía haber evitado.

El debutante socialista perdió demasiado tiempo en desmontarle sus cifras mágicas al presidente. La discusión respecto a por qué ha bajado la prima de riesgo será un debate apasionante para los economistas, pero de dudoso atractivo para los ciudadanos que solo saben que ha bajado y mucho. Sin embargo, acertó de pleno al dedicar buena parte de su intervención a la desigualdad. Seguramente los españoles anden divididos entre los que ven recuperación y quienes no la perciben, pero seguramente también reine gran unanimidad cuando se les pregunta si creen que, con la coartada de las crisis, los pobres son hoy más pobres y los ricos son mucho más ricos.

Cuando el Gobierno dice recuperación, la oposición deberá decir desigualdad porque eso es lo que la gente no entiende y además le cabrea: por qué si las cosas vuelven a ir tan bien y la recuperación ya está aquí, a tantos les sigue yendo tan mal y la desigualdad no deja de crecer.

DEVOLVER CADA GOLPE

Mariano Rajoy apartó de sí ese cáliz y salió a devolver cada golpe. Pedro Sánchez no debería quejarse al árbitro. Cuando uno quiere jugar duro debe ir preparado para las patadas. A Rajoy le convenía la bronca, a Sánchez seguir hablando de la desigualdad. Se impuso el ruido. Alberto Garzón también buscó fajarse en el cuerpo a cuerpo. Pero Rajoy ya no necesitaba más distracción. Volvió a esconder al 'increíble' Aznar que lleva dentro y buscó despacharle con el arma favorita del 'código' Mariano: la ironía. Pero Garzón le salió respondón. Si algo queda claro tras el último gran debate de la legislatura es que el presidente Rajoy ya no encaja las críticas tan bien como antes.

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