Ir a contenido
Merkel, con el presidente Barack Obama en la Casa Blanca, el 9 de febrero.

AFP / SAUL LOEB

Europa ya tiene teléfono y es alemán

Rosa Massagué

Henry Kissinger, el que fue Secretario de Estado de Richard Nixon, es autor de varias frases, casi siempre agudas, que se han hecho célebres. Hoy han quedado superadas por la realidad en una clara demostración de que el mundo ha cambiado una barbaridad. 

"¿A quién llamo si quiero hablar con Europa?", preguntaba retórica y sarcásticamente  Kissinger para referirse a una UE en construcción y de difíciles equilibrios. Ahora, el número de teléfono que  tanto reclamaba existe. Es el de Angela Merkel, el mismo, por cierto, que la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense espiaba con la autorización de Barack Obama.

En pocos días, la canciller alemana ha aparecido ante el mundo como un auténtico poder para la resolución de dos de los desafíos más serios que hoy Europa, pero también el mundo, tienen planteados, el de Vladimir Putin a través de Ucrania y la nueva situción política en una Grecia al borde de la bancarrota.

El viernes 6, Merkel, acompañada del presidente francés, François Hollande, negociaba en Moscú con Vladimir Putin. El lunes estaba en Washington y le arrancaba a Obama el compromiso de esperar antes de armar a Ucrania. La canciller buscaba en la Casa Blanca un frente común para estabilizar aquel país europeo dando tiempo a la diplomacia.

El miércoles, también con Hollande al lado, viajaba a Minsk (Bielorrusia) donde se reunía de nuevo con Putin, pero ahora además con el presidente ucraniano, Petró Poroshenko. Tras 16 horas de discusión todas las partes firmaron un acuerdo de alto el fuego. Y de Minsk, a Bruselas, para asistir al Consejo Europeo en el que por primera vez se sentaba el nuevo primer ministro griego, Alexis Tsipras.

La frase, también de Kissinger, de que Alemania es "un gigante económico, pero un enano político" dejó de ser verdad cuando la crisis financiera empujó a la cancillera a tomar las riendas de una Unión Europea con escasa capacidad de reacción e imponer su visión que pasa por la austeridad. La crisis es económica, pero la solución ha pasado por la política.

Merkel ha tomado el mando, desde luego porque Alemania es una gran potencia, pero en el caso de la crisis ha pesado enormemente el fantasma de la hiperinflación de entreguerras en su país.

En el caso de Ucrania, otro fantasma ha movido a Merkel. En palabras de Joschka Fischer, ex ministro de Asuntos Exteriores, es "el regreso de Rusia al militarismo en el este de Europa. De pronto, la seguridad del propio territorio alemán está en juego otra vez". Fischer hace estas afirmaciones en un artículo titulado muy adecuadamente 'La política exterior alemana se hace mayor'.

Es bueno que la UE tenga una voz, un número de teléfono, pero quizá este no es el que debería. El papel preeminente que está adoptando Alemania pone de manifiesto la debilidad intrínseca de Bruselas para hacer frente de forma colegiada a los problemas que hoy atenazan a la Unión. Es muy significativo que en el baile diplomático de esta semana, la 'ministra' de Exteriores de la UE, Federica Mogherini, estuviera desaparecida.

Este nuevo papel de Berlín también revela otro cambio muy relevante. Es la desaparición de escena del Reino Unido, otrora hacedor de pactos y acuerdos, poseedor de un innegable bagaje diplomático y de relaciones privilegiadas principalmente con EEUU. Hoy. Londres sigue su camino que parece sin retorno hacia la más completa insularidad.