Al contrataque

José Manuel Lara

Sin editores así, la pluralidad informativa de este país sería más complicada. Y vienen tiempos difíciles

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No me había pasado nunca. Conocer a alguien una semana antes de que se muera. Nos habíamos visto en algún acto o por la tele. Pero nunca habíamos hablado. José Manuel Lara me llamó antes de Navidad. Quería que nos viésemos. Y lo reconozco: a los que tenemos mentalidad de obreritos, que te llame el jefe siempre nos pone en guardia. Aluciné con la primera cita que me dio: 24 de diciembre. Se canceló. Con la segunda: 31 de diciembre. Se volvió a cancelar. Con la tercera, el 5 de enero, también se canceló. Su estado de salud iba cancelando citas siempre en días señalados. Días de esos en que todos intentamos escaquearnos del curro. Nochebuena, Nochevieja, Reyes… Primera conclusión: era de estos tíos que no paraba de currar nunca.

Finalmente nos vimos el 23 de enero. Sentado en su despacho con vistas a las torres de La Caixa y al Corte Inglés de la Diagonal de Barcelona, me recibió bebiéndose una coca cola cero. El encuentro fue muy cordial. Lara me dio su opinión de cómo veía mi programa y el país, y yo le di la mía. Evidentemente hubo puntos en los que no coincidimos. Pero creo que de eso se trata. Quedamos para volver a vernos en Semana Santa. Siempre en fechas señaladas.

Cuando en La Sexta recibimos la noticia que el grupo Atresmedia iba a comprarnos, cundió cierto pánico. «Os van a cortar las alas», nos decían. Un amigo me tranquilizó: «Lara os dejará hacer. Su editorial nunca ha tenido problemas para publicar autores de derechas y de izquierdas. A Gironella o a Montalbán. Las memorias de Aznar o las de Zapatero».

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La fusión se hizo oficial en octubre del 2012. A los 15 días, en Salvados emitimos el programa SalvadosOligopoly, el negocio de la energía Las eléctricas mandaron una carta a Lara quejándose, criticándonos y pidiendo una compensación. Ni Lara ni ningún directivo nos dio el toque. Nadie.

Aguantar las presiones

Pocos daban un duro pero en estos dos años La Sexta ha crecido, como dirían algunos, por encima de sus posibilidades. Y las presiones -cada vez más- no han cambiado su línea editorial. El éxito te da libertad y fuerza. Pero también hacen falta directivos con ganas de dar la cara -y la están dando- por los informativos y los programas de su cadena. Incluso cuando la línea editorial de estos no coincide con la suya. Incluso cuando Esperanza Aguirre dice en voz alta -hace siete días y en Antena 3- lo que piensan muchos en el PP: «Le mando un mensaje a José Manuel Lara para que piense lo que está haciendo». Si eso dice en público, ¿qué dirá en privado? ¿Acaso quiere controlar los medios al estilo chavista? Quiero agradecerle a José Manuel Lara que apostase por nosotros, aguantase las presiones y nos dejase hacer. Incluso desde la discrepancia. Sin editores así, la pluralidad informativa de este país sería más complicada. Y vienen tiempos difíciles.