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Flaubert y el plural

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Ciertas frases perduran sin evidencia de que hayan sido dichas. Galileo se vio obligado a rechazar su teoría de que la Tierra giraba en torno al sol y supuestamente preservó su dignidad al decir: «Y sin embargo se mueve». La posteridad necesitaba esa inverificable frase. Algo parecido ocurre con la sentencia de Flaubert: «Madame Bovary soy yo». Aunque no hay pruebas concluyentes de que el escritor dijera eso, la afirmación se repite con la útil constancia del refrán.

La editorial argentina Eterna Cadencia acaba de publicar una versión más del clásico, preparada por el poeta y crítico Jorge Fondebrider. Estamos ante una portentosa Traducción de traducciones. En un nutrido apéndice, Fondebrider informa que fue antecedido por diez versiones argentinas, una colombiana, una chilena, 43 españolas y tres mexicanas. Los países que más han traducido este texto son Italia y China, con 33 y 31 traslados respectivamente.

El aparato de notas de Fondebrider integra un sugerente simposio crítico. De sus 513 intervenciones, escojo la 50, que se ocupa de la frase inicial de la novela: «Estábamos en el Salón de Estudios». La primera persona del plural es engañosa, pues desaparece después de 30 párrafos y Flaubert se convierte en narrador omnisciente. ¿Un despiste del maniático narrador? Para Sartre, se trata de un simple error: «Flaubert se releía a sí mismo muy mal. Había cosas que no entendía». Esta opinión seduce por excéntrica: el obsesivo era descuidado.

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En cambio, Pierre-Marc de Biasi considera que Flaubert comenzó su trama en plural para inscribirla en una comunidad amplia; su protagonista era espejo de una época y de una clase social. Al respecto, conviene recordar el soslayado subtítulo del libro: Costumbres de provincia.

A mi modo de ver, ese distraído comienzo anticipa la teoría de la recepción. La primera persona del plural alude a la forma en que la obra sería leída. A 157 años de su aparición, estamos en el Salón de Estudios de Flaubert. La novela que no deja de traducirse y comentarse es protagonizada por sus lectores.