24 sep 2020

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Pere Mas, Vicenç Villatoro, el ’conseller’ Ferran Mascarell y Joan Ollé, el domingo en el homenaje a Joan Barril en el Ayuntamiento de Barcelona.

CARLOS MONTAÑÉS

Un temporero de la radio

Pere Mas

Cuando Joan fundó 'La República' de COMRàdio había hecho muchas cosas en el medio, pero nunca había afrontado un reto de aquella magnitud. Quizás por eso corrió a afirmar que él tan sólo era un "temporero" de la radio, presentando una idea de provisionalidad que quedó desmentida con el paso de los años.

Barril tenía muy claro como de rompedora era su propuesta de magazine matinal para la extinta COM y quizás por eso miró de cargar de moral a la "tropa" con la siguiente frase que todos recordamos: "Al principio os mirarán a todos de forma muy rara, pero dentro de unos años podréis presumir de haber estado en La República". Era el 11 de septiembre del 2000. Bassas era el amo de las mañanas de Catalunya, mientras RAC1 y Ona Catalana empezaban. Todavía pagábamos con pesetas y el nombre 'La República' era suficientemente tabú como para que una radio dependiente de la Diputació camuflara aquellas veleidades republicanas escribiéndolo como "La R-pública".

El aterrizaje de Joan en la COM hizo converger dos mundos: el de los artistas, con su hermano Joan Ollé al frente, y el de los de la información "pura y dura", con un servidor intentando poner orden. Es imposible no recordar la primera reunión, que fue  en el restaurante Drolma, con un banquete de aquellos que hacen historia. No era una cita de trabajo normal, no era una reunión para dibujar una escaleta de un programa, era una comida para empatitzar y construir unos puentes personales y profesionales que nos cambiaron la vida en los dos ámbitos. Joan huía de las reuniones, no le gustaban las comidas de trabajo con políticos, nunca hizo tertulias y algunos días estaba más pendiente, como decía, del "bocata" de las 9 que del invitado que tenía que entrar en el estudio. Y si no que le pregunten a Zapatero, que pasó por 'La República' meses antes de aterrizar en  la Moncloa.

La convergencia de estos dos mundos, el de los artistas y el de los periodistas, cristalizó en un concepto único que lo ha acompañado hasta la actualidad: el de "la radio tranquila". Tranquila cómo él, que se plantaba ante el micrófono sin alterarse lo más mínimo aunque un error informático hubiera eliminado todos los guiones y ninguno de los invitados pudiera llegar a tiempo a la radio. Era capaz de dejarse todos los papeles en la redacción (de hecho se los dejaba muchas veces) pero empezar improvisando un editorial de antología a pesar de no tener los papeles. Huía del griterío y también de la trompetería matinal gracias a un espacio sonoro que dibujó con Ollé con una sintonía insólita, "Nane tsora", de los Bratsch (que llamábamos 'Dame sopa' por allá dentro), que cautivó a la audiencia y causó incomprensión en los más dogmáticos. Son aquellos que quizás nunca entendieron la singularidad de un programa y que ahora son esclavos de la hoja de Excel. Él venía a la radio a divertirse como un niño, pero comunicaba como solo lo hacen los sabios. Unos sabios (muchos de ellos aquí presentes) de los que se rodeaba para hacer el programa. Él lo sabía todo, parecía que lo hubiera leído todo, pero todavía quería saber más y traspasarlo a los oyentes. Y lo vestía con perlas como los "Buenos propósitos" o apostando por secciones diarias tan arriesgadas como explicar la vida de las personas en las cárceles.

"La radio tranquila" era una combinación única que tuvo el favor de la audiencia, que fue reconocida el 2001 con el premio Ràdio Associació de Catalunya o el 2004 con el Ciutat de Barcelona que lo recogió en aquel rincón de allá, y que tuvo continuidad con 'El Cafè de la República' en Catalunya Ràdio cuando lo sacaron de la COM. La satisfacción de haber mantenido el espíritu republicano en el otro lado de la Diagonal, se había transformado, sin embargo, en los últimos tiempos, en una cierta tristeza por haberse convertido en lo qué él denominaba "El Tallat de la República".

Trabajar con Joan implicaba cosas como que un antimilitarista confeso te llamara "el Comandante", plantar una bandera republicana en la redacción, tener una pecera que algún verano Isabel vino a cuidar, que tirara petardos en directo el día de Sant Joan muchas veces a los pies del hombre del tiempo que los temía, someterse a un Trivial de geografía o ir a hacer una ronda a las 5 de la mañana por los pasillos de la radio a comprar el donut y la coca-cola mientras nos hacíamos confidencias. Más que un jefe, muchas veces era un padre.

Joan, como dijo el maestro Puyal el día de tu dolorosa salida de la COM, volverá la vendimia. Y aquel día abriremos una botella de champán. Descansa en paz.