08 ago 2020

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Presupuestos

Jaume Collboni

La importancia del transporte público en nuestra vida diaria queda bien reflejada en las cifras (2013): cada día se realizaron una media de un millón de viajes en metro y otro medio millón en autobús.

Sin un transporte público potente viviríamos en una ciudad mucho más contaminada, los vehículos ocuparían toda la ciudad y tardaríamos mucho más tiempo para ir al trabajo, a la escuela o a visitar a los amigos.

En las grandes ciudades con un transporte público insuficiente la convivencia se resiente porque se potencian las desigualdades: gente que pierde mucho tiempo yendo de casa al trabajo, barrios mal comunicados, menos oportunidades de educación y laborales para aquellos que viven en zonas aisladas.

Si Barcelona es una ciudad cohesionada también es gracias al hecho de que en los últimos 30 años ha mejorado muchísimo su red de transporte público. Hoy es posible desplazarse desde Trinidad Nova Plaza Catalunya en menos de media hora gracias a la llegada del metro. El mismo tiempo que ahora se tarda en llegar desde el Bon Pastor. Y esto es así desde hace poco más de 5 años.

La apuesta por el transporte público no se acaba nunca y a Barcelona le hace falta mucha inversión para conectar barrios todavía hoy olvidados (es necesario acabar la L9 y abrir las estaciones de La Marina), y para hacer más eficiente y rentable la red de transporte (acabar la L2 hasta el Aeropuerto, pensar la conexión del tranvía, etc).

Pero los grandes debates sobre infraestructuras no nos pueden hacer olvidar que el objetivo final es que los barceloneses y barcelonesas utilicen el transporte público, un derecho que se han ganado con su esfuerzo.

Y este derecho está en peligro cuando a la caída del poder adquisitivo de las familias se ha sumado una subida del 23% del precio de la T-10 en sólo 3 años. El resultado ha sido que muchas dejasen de utilizar el transporte público.

Desde la política municipal hay que aprovechar el debate de presupuestos para 2015 para que se apruebe una rebaja del precio del transporte que ayude a que Barcelona sea una ciudad asequible para su ciudadanía.

Soy consciente de que los presupuestos para el próximo año son de transición, de final de una etapa, y que los acabará de ejecutar el gobierno que salga de las elecciones de mayo. Que el metro y el autobús no resulten tan caros a partir del 1 de enero será posible si Barcelona tiene unos presupuestos que permitan rebajar el precio del transporte público. Hace falta poner la solvencia del Ayuntamiento al servicio de la ciudadanía.

Si no se llega a este acuerdo, los que pagarán un precio excesivo por el transporte público serán los barceloneses y barcelonesas porque seguirán necesitando un transporte asequible que los lleve a su lugar de trabajo o a una entrevista laboral, a estudiar a la universidad o a hacer unas prácticas de empresa o a recoger a sus hijos o nietos a la escuela.

La primera medida que presenté como candidato fue proponer una destinación alternativa a los 140 M€ de superávit que Trias decidió guardar en un cajón. Y una de las apuestas era fortalecer el transporte público rebajando su precio para 2015. Me sentía en la obligación de abrir un debate sobre cuál era el transporte que queríamos para Barcelona. Finalmente esto ha sido posible absteniéndonos en la presentación de los presupuestos del gobierno, evitando que se hubieran prorrogado los de 2013 sin ningún debate previo.

Nos hemos sentado a dialogar con el gobierno dejando bien claro al señor Trias que en ningún caso votaremos a favor de unos presupuestos que no responden a nuestro proyecto de ciudad. Estos no son nuestros presupuestos sino los de su gobierno. 
Creo que la ciudad merece unos presupuestos mucho más ambiciosos, con propuestas solventes para afrontar las consecuencias sociales de la crisis económica, poniendo la fortaleza de la ciudad al servicio de una recuperación económica capaz de crear ocupación de calidad y, nunca, subordinados a los intereses particulares de la Generalitat.

Nosotros estamos dispuestos a permitir la aprobación de los presupuestos, con una abstención si se acepta nuestra condición previa que es una rebaja tangible del precio del transporte público. Todavía confío en que el gobierno se atenga a nuestras propuestas.

Los presupuestos sólo serán el primer paso del cambio que Barcelona necesita. Una propuesta valiente que queremos que contribuya a mejorar el día a día de los barceloneses y barcelonesas.

Ahora bien, la verdadera batalla la tendremos en las elecciones municipales de mayo, donde veremos si Barcelona quiere despertar de la apatía, apostando por un gobierno creíble, solvente y capaz de ofrecer respuestas realistas a los problemas de los barceloneses y barcelonesas.