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El atronador clamor del cambio

Marta López

«Os hemos escuchado». Este fue el mensaje que de forma solemne el primer ministro británico, David Cameron, trasladó a los escoceses  en las primeras horas del día 19 de septiembre, escasos minutos después de anunciarse oficialmente los resultados del referéndum secesionista de la víspera, en el que el no a la independencia ganó con el 55% de los votos frente al 45% que obtuvo el sí.

 

 Fue resultado claro, rotundo, un triunfo redondo para el primer ministro británico, que se lo había jugado todo a una carta. Pero esos 10 puntos que un referéndum son un abismo no pueden ocultar la realidad que supone que casi la mitad de los escoceses votaran a favor del divorcio. Frente a los 2 millones que dijeron no, 1,6 millones dijeron sí. Solo 400.000 votos separan a unos de otros. Puede ser mucho o nada, depende del prisma con el que se mire. Como casi todo.

La mayor transferencia

Cameron entendió que el mensaje salido de las urnas era un clamor a favor del cambio, y ha respondido ofreciendo un cambio real: la mayor transferencia de poderes autonómicos a Escocia desde la recuperación de las instituciones, en 1999. La cesión del control del impuesto sobre la renta al Parlamento de Holyrood y la cesión de una parte del IVA  (a través de las tasa aeroportuarias) son las medida de mayor impacto de las propuestas realizadas por la comisión que preside lord Robert Smith.

Los nacionalistas, en plena ascensión desde la celebración del referéndum, quieren más: la autonomía fiscal plena. Los laboristas aceptan de mala gana a riesgo de verse convertidos en una fuerza residual en Escocia. Cameron abre el melón de una reforma federal en uno de los estados más centralistas de Europa. Del pánico que generó la independencia de Escocia se ha pasado a la realpolitik. Suele ganar siempre.

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