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Por si había dudas, los resultados obtenidos por Evo Morales certifican el liderazgo político y social adquirido desde su llegada al poder en 2006. Sus adversarios así lo reconocen ante unos datos que no admiten otras interpretaciones. Incluso logra vencer en el rico departamento sureño de Santa Cruz, la locomotora económica de Bolivia y  epicentro de las tensiones por el desafío autonomista opositor de 2008. Nadie hubiera podido imaginar cinco años atrás un triunfo oficialista en la zona dónde se fraguó un intento de golpe de Estado contra el dirigente aymara. Aunque resulte paradójico, el progresivo pragmatismo de Evo Morales le ha llevado a ocupar el centro de la escena política desplazando a sus rivales a un papel secundario, incapaces de formular alternativas renovadoras.

Desde su nacimiento en 1995, el Movimiento al Socialismo (MAS) se  ha fortalecido en cada una de las elecciones hasta alcanzar la presidencia en el 2005 con un 53% de los votos. En pocos años Bolivia ha vivido una profunda transformación que ha alcanzado a todas las clases sociales, pero en especial a las más desfavorecidas. En ningún otro momento de la historia del país se había producido un crecimiento económico ininterrumpido durante ocho años, con índices positivos del 5%, el mismo porcentaje previsto por el Fondo Monetario Internacional para 2015. El auge de las materias primas, las ventas de hidrocarburos y minerales, en combinación con una inflación menor sostenida en el tiempo han generado una creciente inversión del Estado en políticas sociales.

En 2013 la deuda pública de Bolivia se situó por debajo del 40% del Producto Interior Bruto, mientras que en España alcanzaba, el mismo año, el 94%. El PIB per cápita creció de los 1010 a los 2757 dólares entre 2005 y 2013, con una disminución de la pobreza, del 39% al 18%.

La suma de apoyos

La consolidada popularidad de Evo Morales se asienta en la capacidad para sumar a un proyecto en continua reinvención a distintos sectores tradicionales que han viajado seducidos desde la oposición inicial al compromiso de configuración de un movimiento de transformación con amplia presencia en todos los rincones del país. Es así como se debiera interpretar la hegemonía resultante de los comicios del domingo, más allá de los positivos datos económicos.

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De los nueve departamentos del país sólo el de Beni, en el nordeste, opone resistencia al ciclón Morales, por ahora. Aunque éste debería ser el último mandato que permite la Constitución, ya hay quién propugna la continuidad, modificando la Carta Magna para hacer posible una nueva re-reelección dentro de cinco años.

Toda una tentación, no exenta de provocar un aluvión de críticas.