tú y yo somos tres

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Contemplando la hermosa estampa que conformaban sus invitados estrella de ese día, o sea, Sor Lucía Caram y Pablo Iglesias, codo con codo, juntitos en el plató, decía Jesús Cintora, el conductor y alma del magazine Las mañanas de Cuatro«¡Me mandan mensajes al teléfono diciendo que tiempo atrás era impensable ver en la tele, juntos, a una monja y un peludo!». ¡Ah! Cintora irradiaba satisfacción. Y más todavía cuando advirtió que las intervenciónes de Sor Lucía, hablando sobre lo que debería ser un político («En lugar de lucro, servicio. En lugar de prepotencia, sacrificio») eran aplaudidas por Iglesias, que iba asintiendo con la cabeza con devota alegría. ¡Ah! Esa imagen de la monja y el peludo, la mañana del pasado viernes, coincidiendo en el diagnóstico de la grave enfermedad que afecta a la vida política española, habrá puesto de los nervios a la caverna. Y fuera de la caverna también. De hecho a Jesús Cintora ya le están pasando factura por invitar a estos peligrosísimos personajes, en particular al líder de Podemos, que es habitual de su programa. Las mañanas de Cuatro está provocando mucho cabreo en la derecha mediática. La periodista Isabel San Sebastián acaba de declarar en el programa de radio de Alfonso Rojo (Rojo y Negro, Radio 4G): «Yo fui tertuliana de Cintora hasta hace dos semanas (...) pero no puedo estar en un medio donde el moderador ejerce de manager de un político como Pablo Iglesias». O sea que llevar a Iglesias a las tertulias de la tele es hacerle de representante, pero llevar durante años, por ejemplo, a Alejo Vidal Quadras (El gato al agua) es sensata pluralidad y buen reparto de juego. Hombre, aquí lo que escuece es que Cintora está subiendo en audiencia. Sus mañanas ya superan casi cada día el 10% de share. Y eso, en un oficio tan cainita como el nuestro, no se perdona.

BILLETES DE VUELTA .- Después del España-Holanda Pipi Estrada se presentó, airado, en El Chiringuito de Pedrerol (La Sexta), y exclamó: «Ridículo mundial. Vengo rabioso. España está en la calle. Están ahora mismo con Viajes Halcón comprando los billetes para volverse a Madrid». ¡Ahh! Qué simbiosis más tremenda: el dolor se mezclaba con el sarcasmo más hiriente. Recuerdo que Pipi, tiempo atrás, después de asistir a un Grand National, se presentó vestido de caballo. Fue jocoso. ¡Ah! Le agradezco que esta vez no se haya presentado disfrazado de azafato del avión de vuelta. Hubiera sido cruel.