MIRADOR

Y Navarro tiró la toalla

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La inesperada dimisión de Pere Navarro ha causado enorme desconcierto dentro y fuera del PSC. Su decisión no es el resultado de una maniobra para echarlo, sino fruto del clima de agitación, deslealtad y desorientación general que se había apoderado del partido en las últimas semanas. Es el primer secretario quien se va, harto y hastiado del trato que hace tiempo le concedían los suyos, una mayoría ahora ya confusa y desnortada. Pero cuando alguien fracasa, aunque sea porque tira la toalla, la responsabilidad recae primero en él. Y lo cierto es que Navarro no había logrado superar el déficit de autoridad que arrastraba desde que se hizo con las riendas del PSC a finales de 2011, en un congreso que para muchos se cerró en falso. En el fondo, más allá de las discrepancias con los críticos en torno al confuso derecho a decidir, el conjunto de los sectores díscolos, que incluye no solo a los soberanistas, nunca le tuvieron en gran estima y todos creían que valían más que él. Pese a sus carencias como líder, en su haber tiene un logro bastante difícil: sin renunciar a la idea de una consulta legal y acordada, ha convencido al PSOE de la necesidad de abanderar la reforma federal.

Aun así, ha ido cojo de auctoritas como primer secretario. Por eso ha sido victima del chantajismo de los críticos, del acoso mediático que ha entrado con demasiada frecuencia en lo personal y, sobre todo estas últimas semanas, del tacticismo de los barones territoriales que le pedían cosas humillantes y contradictorias con la estrategia general. Pero su dimisión no era inevitable y solo ha sido posible porque el socialismo español ha entrado en una grave crisis sistémica. El abandono de Rubalcaba y de Patxi López han pesado bastante en la inestabilidad del PSC y alimentado el deseo de los dirigentes más ambiciosillos por hacer algo, por la mueca hueca, aunque solo sirva para empujar al socialismo catalán hacia el abismo electoral.

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Lo paradójico es que se produce en unos días en que Navarro podía sacar pecho, pues con la proclamación de Felipe VI se abre un clima nuevo en España, donde la reforma constitucional no solo es vista como necesaria sino como inevitable. La misma semana, además, en la que se había abierto una grieta importantísima en CiU con Duran Lleida. En conclusión, el PSC se embarca ahora en una crisis innecesaria, que lanza un mensaje desconcertante a su electorado.

¿Significa la dimisión que la línea de fondo va a variar y que, como ya pide CDC, el PSC acabará apuntándose al frente proconsulta del 9-N? Me parece un error interpretar lo sucedido como una victoria de la minoría soberanista. Son los factores personales y la decepción con los suyos, mucho más que un abrupto giro ideológico interno, lo que explica que Navarro haya tirado la toalla.