La política como inspiración y compromiso

Una de las páginas de su vida que más literatura ha generado es su amistad con Fidel Castro

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Gabriel García Márquez (izquierda), en una foto de archivo junto a Fidel Castro.

Gabriel García Márquez (izquierda), en una foto de archivo junto a Fidel Castro. / REUTERS / RAFAEL PEREZ

Los momentos vividos en aquellas horas del atardecer del sábado 1 de julio de 2006 en la capital de México quedaron almacenados para siempre en mi memoria. En ocasiones, sin que nada lo sugiera, se me aparecen los razonamientos políticos de dos maestros de las palabras. Había acudido puntual a la cita en la casa de Carlos Fuentes. Espaciosa, con un aire colonial elegante, pero sin lujos, me mostró algunas de los incunables de su cuidada biblioteca personal. Aceptó con ilusión viajar a Barcelona aquél mes de septiembre para pronunciar la conferencia inaugural de la Fundación Casa Amèrica Catalunya, convirtiéndose además en padrino de la centenaria entidad americanista. Sonó el timbre de la puerta y recordó en ese instante una visita concertada. "Disculpe -dijo Fuentes- viene a verme un amigo. Hemos quedado, pero si usted quiere, puede quedarse con nosotros". Carlos Fuentes empezó a incorporarse para recibir al invitado mientras yo le acompañaba en su movimiento, a la espera de su entrada. Al girarme descubrí entonces la identidad del amigo del autor de La región más transparente, no sin asombro mayúsculo. Se trataba de Gabriel García Márquez. 

Certifiqué esa noche la pasión por la política del Nobel colombiano, su profundo y preciso conocimiento de la historia contemporánea de su país de adopción. La política ocupó la mayor parte del tiempo de reflexión y análisis de ambos sabios. Y es que al día siguiente México elegiría nuevo Presidente y la izquierda de Andrés Manuel López Obrador tenía ésta vez alguna opción de triunfo. Tanto Carlos como Gabo acertaron, sin embargo, en sus previsiones y la derecha de Felipe Calderón acabó por vencer por la mínima, no sin una agria polémica por las denuncias de fraude electoral.

García Márquez se inició en el periodismo poco después del asesinato del líder político liberal Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948. Ésta fecha condicionaría, y de qué forma, el devenir político futuro de Colombia del propio Nobel de Literatura. Aquellos primeros años de ejercicio del periodismo coincidieron con el inicio de décadas de algo muy parecido a una guerra civil, un período definido como el de 'La Violencia'. Escribía entonces Gabo en el diario 'El Universal' de Cartagena de Indias y a partir de enero de 1950, en el diario 'El Heraldo de Barranquilla'. En ambos casos sus columnas eran escritas bajo estado de excepción decretados por gobiernos autoritarios. El periodista Pedro Sorela, en su libro 'El otro García Márquez. Los años difíciles' (Mondadori) rescata un texto publicado en mayo de 1950, en su columna La Jirafa, en el 'Heraldo', con referencia a la censura periodística y política: "Luego viene el proceso de las dos censuras. La primera, que está aquí mismo, a mi lado, sonrosadamente sentada junto al ventilador, dispuesta a no permitir que la Jirafa tenga colores distintos a los que natural y públicamente puede tener. Viene después la segunda censura, acerca de la cual no se puede decir nada sin peligro de que el largo cuello sea reducido a su mínima expresión".

El día antes de la Navidad de 1957, el escritor haría su primer viaje a un país latinoamericano que no fuera Colombia. Aterrizaba en la Venezuela de la dictadura militar instaurada por el general Marcos Pérez Jiménez seis años antes. Su llegada a Caracas sería premonitoria de cambio. Los primeros días de 1958 fueron fechas decisivas para la posterior huida del general a Santo Domingo y el escritor los viviría intensamente junto a su inseparable amigo, también escritor y abogado colombiano, Plinio Apuleyo Mendoza, coautor junto a García Márquez de 'El olor de la guayaba'. Esa estancia en Venezuela le daría ideas para una de sus creaciones literarias más políticas, El otoño del patriarca, configurada a partir de un diálogo mantenido por Gabo y Plinio con un mayordomo del palacio presidencial de Miraflores.

Pero una de las páginas de su vida que más literatura ha generado es su amistad con Fidel Castro. García Márquez conoció al entonces guerrillero cubano en La Habana en enero de 1959, en los días posteriores al triunfo de la Revolución. Ese mismo año ejercería como corresponsal de la agencia Prensa Latina, creada por el nuevo gobierno revolucionario, en Colombia. La amistad entre ambos ha sido motivo de interpretaciones variopintas entre distintos autores. Desde quién opina, Ricardo Masetti, que al Nobel "siempre le gustó estar en la cocina del poder" hasta el novelista anticastrista César Leante que llega a opinar que esa relación con Castro "cae en buena parte dentro del terreno del psicoanálisis". Pero una voz autorizada como la de Plinio Apuleyo Mendoza expresa que, "si bien son amigos, no creo que Gabo sea partidario del sistema. Viajamos por los países comunistas y quedamos muy desencantados". Felipe González Bill Clinton, han sido también significativos políticos amigos del Nobel colombiano, pero con mucha menos trascendencia mediática. 

El Nobel de Literatura colombiano tuvo a la política exterior de los Estados Unidos como una de sus máximas preocupaciones -Mario Vargas Llosa llegó a calificarlas como "los demonios" de García Márquez-. El escritor colombiano se convirtió en un periodista combativo mostrando su apoyo decidido a muy diversas causas de izquierdas, con numerosos artículos publicados en la revista colombiana 'Alternativa' a partir de febrero de 1974 y hasta su cierre en 1980. La revista abrió sus páginas a la publicación de reflexiones de brillantes periodistas y escritores que tenían vetada su opinión en los grandes medios de prensa de la época. El liderazgo de García Márquez logró reunir a intelectuales de izquierda como el sociólogo Orlando Fals Borda o a periodistas colombianos de gran prestigio como Jorge Restrepo, Enrique Santos Calderón o Carlos Vidales. Los partidos hegemónicos tradicionales, el liberal y el conservador, habían formalizado un acuerdo que comportaba el reparto del poder político, pacto que se trasladó a los grandes medios de comunicación con un desmedido oficialismo que no permitía la disensión. La revista 'Alternativa' rompió esa tendencia dando espacio a la crítica y a la presencia de voces de izquierda.

 Nunca militó en partido político alguno, aunque la política le acompañó toda su vida de una u otra forma. Preocupado por la violencia en su país, se comprometió con el papel de mediador en distintas negociaciones de paz entre gobierno y guerrillas. Pero también hizo causa común junto a otros escritores de América Latina apoyando la independencia de Puerto Rico o criticando el visado como requisito previo para viajar a España en una carta enviada en 2001 al Presidente José María Aznar, firmada junto a Héctor Abad Faciolince, William Ospina, Fernando Vallejo, Álvaro Mutis, Fernando Botero y Darío Jaramillo. Sin duda, Gabriel García Márquez sintió una gran fascinación por la política y como consecuencia, por el poder. La política generó mucha de su inspiración literaria y le llevó, en muchos casos, al compromiso.

Antoni Traveria

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Periodista.

Director de la Casa Amèrica Catalunya