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El recuerdo de un pasado reciente

2014: otros dos aniversarios

Salvador Martí Puig

La revolución sandinista de 1979 y el levantamiento zapatista de 1994 forjaron una Catalunya solidaria

Este 2014, además de todos los famosos cumpleaños que se aventan desde hace tiempo, también hay que señalar dos que tuvieron un importante eco e impacto en nuestro entorno: el triunfo de la revolución sandinista de 1979 en Nicaragua y el levantamiento zapatista de 1994 en Chiapas. ¿Por qué habría que recordar estos dos episodios en el ámbito de Catalunya? Básicamente por la ola de solidaridad que generaron en todo el país. Una ola que, además, supuso la aparición de tres elementos inéditos hasta entonces en la sociedad civil catalana.

El primer elemento fue la aparición de una nueva manera de entender la solidaridad política entre personas de diferentes países y con realidades lejanas. No hay duda de que, tal como escribió Sergio Ramírez en la obra Adiós muchachos. Una memoria de la revolución sandinista, este proceso histórico representó una de las olas de solidaridad internacional más importantes y masivas de la historia del siglo XX después de la guerra civil española. El caso es que fue la primera vez que miles de catalanes se desplazaron al otro hemisferio por una causa política: defender un proceso revolucionario acosado. Así, se organizaron brigadas como las de la Casa de Nicaragua de Barcelona o las del Ayuntamiento de Arbúcies gobernado por la CUPA, y después les seguirían muchas más. Algo parecido pasaría 15 años más tarde con el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas, donde el Colectivo de Solidaridad con la Rebelión Zapatista del Lokal del Raval sería uno de los más activos del planeta. La huella de miles de cooperantes de todo el mundo en el sureste mexicano todavía se puede ver hoy en los municipios autónomos zapatistas, tal como se expone en el libro Chiapas a deshora. Un viatge a la recerca de murals, que escribí hace un par de años mientras viajaba por esa zona haciendo una crónica de la resistencia de las comunidades rebeldes vinculadas al EZLN.

El segundo elemento fue el nacimiento de una nueva manera de incidir en la política internacional y global, con la que la movilización de los ciudadanos desbordó los intereses de la razón de Estado y de la diplomacia tradicional. Así, a raíz de la revolución sandinista por primera vez los ayuntamientos catalanes se posicionaron sobre temas tan poco locales como el bloqueo de Estados Unidos a Nicaragua. Muchos colectivos hicieron cadenas humanas para protestar contra la posición del Gobierno español en el conflicto y también miles de personas enviaron cartas a senadores estadounidenses pidiéndoles que dejaran de prestar apoyo a la política bélica de Ronald Reagan. Posteriormente, 15 años después, con el levantamiento del EZLN también apareció entre la ciudadanía una nueva forma de hacer política más allá de las fronteras: el ciberactivismo y el impulso de grupos civiles para fiscalizar los gobiernos de otros países, como la Comisión Civil Internacional de Observación por los Derechos Humanos (CCIODH), que arrancó de Catalunya y en la que participaron personalidades, alcaldes, periodistas y profesionales de todas partes. Tal como analizó Guiomar Rovira en su libro Zapatistas sin fronteras. Las redes de solidaridad con Chiapas y el altermundismo, no es posible entender las redes de resistencia global (tan activas hoy) sin el zapatismo.

El tercer y último elemento, también de gran trascendencia, fue la fundación de organizaciones que tenían como meta contribuir a mejorar las condiciones de vida y dignidad de personas que vivían en países del Sur, señalando que la tensión entre el desarrollo y el subdesarrollo está totalmente relacionada y que la única forma de crear mejores condiciones de vida para todos es cambiar de paradigma de crecimiento. Fue a raíz de esa inquietud que nacieron por primera vez en Catalunya organizaciones no gubernamentales (las ahora tan famosas oenegés) como ACSUR Las Segovias o la Associació de Professionals per Nicaragua. En este sentido, podríamos decir que la aparición de la solidaridad organizada en nuestro país fue fruto de la voluntad de apoyar la revolución sandinista. Posteriormente, casi dos décadas más tarde, el mismo mundo de la solidaridad evolucionó y se dejó influenciar por el discurso zapatista y acuñó el concepto anticooperación, que parte de que es mejor que a los oprimidos «les saquen la mano de encima a que les den la mano».

Hoy, de todo lo expuesto ya hace mucho tiempo: 35 años de la revolución sandinista y 20 del levantamiento del EZLN. Además, ahora ni Nicaragua ni Chiapas representan (ni son) el sueño que evocaron. De todas formas, el impacto que tuvieron estos dos episodios en nuestro entorno fue innegable, ya que transformaron una parte importante de la sociedad civil catalana y la hicieron más crítica y global. 

Profesor de la Universidad de Salamanca. Miembro del Cidob.

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