Editorial

Marc Marginedas, hombre libre

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La noticia más esperada por este diario durante meses se produjo finalmente ayer: Marc Marginedas ha sido liberado y ha vuelto a casa después de pasar 178 días privado de libertad en Siria, víctima, como tantos otros periodistas, de la deriva enloquecida de un conflicto que ha certificado que los reporteros de guerra han dejado de ser respetados por los bandos contendientes. La liberación de Marginedas es también la de todos cuantos hacen posible EL PERIÓDICO, que este último medio año ha afrontado uno de los episodios humanos más duros de sus 35 años de existencia. La concentración que los redactores y el resto del personal han llevado a cabo semanalmente desde que se confirmó el cautiverio ha sido un testimonio constante contra la resignación y el fatalismo que muchas veces acompañan a largos secuestros como este.

Es imposible calibrar qué influencia directa habrán tenido estas y otras movilizaciones en la liberación de Marginedas -posiblemente muy poca, a juzgar por los criterios éticos por los que se rigen sus captores-, pero han servido para proporcionar el imprescindible apoyo emocional a los familiares y amigos del reportero y, en la misma medida, para reivindicar el oficio de informar, muy particularmente en su versión más peligrosa, el reporterismo de guerra, la especialidad a la que Marginedas ha dedicado gran parte de su trayectoria profesional.

Una de las paradojas que depara el mundo actual desde el punto de vista de la comunicación es la enorme cantidad de información existente -y la rapidez con que circula- y, en paralelo, el desconocimiento -porque  a los poderosos les interesa que sea así- de realidades que afectan muy profundamente a mucha gente. En las guerras, esta opacidad tiene un efecto dramático, porque deja en el olvido el sufrimiento de la población. Por eso en Siria ha habido y hay interés, por parte de todos los actores de una guerra civil enrevesada y cruel como pocas, en que los periodistas no puedan ver y contar lo que pasa. Y por eso los profesionales de la información allí secuestrados son aún más de 40, entre ellos los españoles Ricard Garcia Vilanova y Javier Espinosa, también ya con casi seis meses de cautiverio.

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Marc Marginedas ha estado en poder del Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIL), uno de los grupos más activos y radicales del magma que conforma el yihadismo. Se trata de una facción que se autoconsideró la franquicia de Al Qaeda en territorio sirio, aunque luego la propia organización terrorista que encabezó el fallecido Osama bin Laden la desautorizó. Pero fue Al Qaeda quien en septiembre emitió una fatua contra los periodistas extranjeros presentes en Siria, lo que sin duda guarda relación directa con  lo acontecido con nuestro reportero. En los próximos días y semanas, Marginedas tendrá ocasión de explicar detalles de su largo y penoso cautiverio, durante el que fue trasladado en numerosas ocasiones, pero es probable que no queden expuestas ni resueltas todas las incógnitas del caso. Como es perfectamente comprensible, en las gestiones tendentes a conseguir su liberación han intervenido muchas personas y de nacionalidades distintas, pero lo que hay que subrayar es que estos esfuerzos, sobre los que en algunos momentos se pudo ser  escéptico al ver que aún no se traducían en resultados, finalmente han conducido a un feliz desenlace de un calvario tan prolongado.

EL PERIÓDICO quiere agradecer públicamente las numerosísimas muestras de solidaridad recibidas durante estos seis meses, desde la entrañable carta manuscrita de una lectora jubilada hasta el pronunciamiento formal del Parlamento Europeo por la libertad de Marginedas, pasando por el apoyo de los compañeros de otros medios. Al diario, esta calidez le ha permitido sobrellevar una situación inesperada y muy compleja, pero también ratificarse en su firme compromiso con la forma más genuina del periodismo: la de estar allí donde pasan cosas, verlas, comprenderlas y explicarlas a los lectores. Es lo que siempre ha hecho Marginedas y lo que sin duda querrá volver a hacer. Bienvenido a casa, Marc.