La rueda

1
Se lee en minutos

Los socialistas catalanes empezaron ayer el anunciado proceso de primarias abiertas que decidirá su candidato a la alcaldía de Barcelona. Días después de la enésima crisis del partido, el PSC se propone el que quizá sea su último intento para recomponer el espacio que la socialdemocracia ha dejado huérfano en Catalunya. Liderar un proyecto desde y a partir de Barcelona no es solo  una oportunidad en clave interna, sino que es también el único camino mediante el cual se puede construir todavía hoy una tercera vía alejada del debate identitario.

Que haya un partido capaz de abrir su estructura, como lo está haciendo hoy el PSC en Barcelona, es una muestra de las posibilidades que todavía ofrece la política institucional. La democracia representativa tiene problemas estructurales, pero ofrece espacios para que su apertura e interacción con los ciudadanos sean también cuestión de voluntad. Imaginemos por un momento un debate similar en todos los partidos: ganaríamos todos.

Noticias relacionadas

Y ganarían todos, dentro del PSC, si supieran aprovechar el reto que tienen por delante. Con el riesgo letal de verse contaminados por las dinámicas de su partido y sus dirigentes en el Parlament, los candidatos de las primarias deberían evitar que el proceso se convierta en un permanente enfrentamiento personal y la mejor purga que se le pudiera regalar a la dirección del partido y que no se merece.

El reto de Barcelona 2015 es una oportunidad para regenerar la política mediante procesos abiertos como el que se proponen, para reconstruir un espacio que no sucumba la dialéctica binaria entre Catalunya y España o para reivindicar la influencia de lo urbano frente al poder de lo rural. Un reto complicado, pero imprescindible si en un contexto que invita la simplificación aún existe la posibilidad de introducir matices y generar ilusión.