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El martes, con un osado paralelismo entre la mala forma del Rey en su discurso de la Pascua Militar y la pretendida indiferencia del Gobierno ante «la secesión de Catalunya y la reunión de asesinos etarras», El Mundo titulaba: «España titubeante». Y hay agoreros -no solo de izquierdas- que predicen el fin del mundo. Pero, ¡paradoja!, el mismo martes y pese a la imputación de la Infanta, el Ibex 35 superaba los 10.000 puntos, un rebote del 71% respecto al mínimo histórico de julio del 2012 (primer año de Rajoy) aunque todavía lejos del máximo de los 15.500 de finales del 2007. Y la prima de riesgo se consolida debajo de los 200 puntos básicos. Parece que hemos salido de la zona de peligro, de tener que pedir un rescate total (aunque tras haber recurrido a la caridad europea para salvar la banca).

Y no es solo la Bolsa o los mercados financieros -que para el subconsciente católico de nuestra derecha e izquierda son pecaminosos- sino que en la economía real el paro ha bajado en 140.000 personas en el 2013 cuando la media de aumento de los últimos cinco años era de 400.000. Cierto, el paro baja (en parte) porque disminuye la población activa (desanimados o emigrantes) pero también -dato más relevante- se aminora la destrucción de empleo. Todavía no se crea porque la Seguridad Social ha seguido perdiendo cotizantes en el 2013 pero hay cambio de tendencia. En media anual la afiliación ha bajado un 3,3% (mejor que en el 2012 aunque peor que en el 2010 y 2011) pero el ritmo del último trimestre ha caído ya al 1,4% y en diciembre -mejor dato de la serie histórica desde 2007- hubo 65.000 nuevos cotizantes. ¿Se va a empezar a crear empleo neto como predice el Gobierno? Lo cierto es que Guindos acertó al decir que en el 2013 iríamos de menos a más.

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Estamos mejor que hace un año. Primero porque la economía mundial se recupera y la política de Draghi en el BCE hace que los mercados no cuestionen el euro. Irlanda (rescatada) vuelve a emitir bonos a diez años a un tipo inferior al español. Segundo, porque los dolorosos e impopulares recortes y la devaluación interna de Bruselas y el BCE -iniciados por Zapatero en mayo del 2010 y seguidos por Rajoy, no sin errores pero acentuados con la reforma laboral- están dando resultados. No era la mejor política económica, pero con España en el euro, endeudada hasta las cejas (más por el sector privado que por el público), con los impuestos en caída libre por la crisis y con pérdida de competitividad…era la única posible. Ahora el índice Markit (muy seguido en Europa) coloca a España en diciembre en 53,9 (por encima de 50 indica crecimiento), el valor más alto de los últimos 77 meses, por debajo de Irlanda (58,6) y Alemania (55) pero algo por encima de la media de la zona euro (52,1).

Sería estúpido proclamar -como Aznar o Zapatero en pleno boom inmobiliario- que «España va bien» o que «vamos a por Francia» (que va mal). El crecimiento será débil, la recuperación del empleo lenta, las pifias como la del sector eléctrico descomunales, el desprestigio de la política es fuerte (tras Bárcenas mas del 80% de los encuestados por El Mundo dicen que el PP recibía dinero de constructoras) y la crisis institucional -Monarquía, Catalunya- no se debe minusvalorar. Pero pese a todos los Casandra que dicen que España titubea, , la realidad es que el país -el empresario que sigue, los trabajadores que pactan rebajas salariales (no solo en el automóvil) para exportar y mantener empleo- aguanta. Con seny. España camina aunque a trompicones y desorientada.