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Los SÁBADOS, CIENCIA

Mis deseos para el siglo XXI

Manel Esteller

Casi no es un sueño pensar en las fantásticas metas que podremos alcanzar en menos de cien años

Sí, ya sé que llego tarde y que ya llevamos 13 o 14 años de siglo, pero lo importante es hacerlo, ¿no? Estos deseos científicos tienen que ver con el progreso que querría ver en lo que nos queda de siglo. No son solo mensajes de buena voluntad, como que iré más al gimnasio o iré más a menudo a ver a mis padres, sino metas que el intelecto humano puede lograr de aquí al 2100.

A alguien le parecerán deseos completamente inverosímiles y pensará que el cava me ha hecho más efecto del que sería recomendable, pero muchos de ellos están basados ​en experimentos que hoy se llevan a cabo  en laboratorios del mundo y en planos que ahora se están dibujando en una tableta. Así pues, como dice la optimista canción de Lax'n'Busto,  ¡lánzate!

 

1) Curación del cáncer. En 1945 morían el 90% de los pacientes diagnosticados, y hoy en día sobreviven el 60%. Hemos dado la vuelta a la tortilla, pero acabaremos comiéndonosla toda. Aproximadamente aumentamos un 2% por año los pacientes que curamos. Si hacen números verán que en 20 años podríamos llegar al 100%. Sé que es una visión muy optimista; pues seamos realistas y démosle 20 años más teniendo en cuenta los recortes en investigación y que hay tumores que son especialmente malnacidos, como los de pulmón, páncreas y cerebro.

2) Frenar la progresión del alzhéimer. Aquí sí tenemos mucho que investigar. Nos dicen los expertos que cuando la enfermedad está establecida hay poco que hacer. Aunque no me resigno a esta afirmación, hay más consenso en que se encontrarán tratamientos que puedan aplicarse cuando las imágenes de tomografía y resonancia magnética indiquen que comienza el proceso pero todavía no ha dado síntomas clínicos. No podemos perder a varias generaciones por esta enfermedad.

3) Enfermedades infecciosas. Habrá que buscar algunas en la enciclopedia para saber qué eran. Especialmente aquellas asociadas a la pobreza, la malnutrición y las malas condiciones sanitarias e higiénicas. Aunque en cierta forma idealista, soy consciente de que no se podrán eliminar la injusticia social y las tristes condiciones de vida de mucha gente en muchos países, pero confío en que campañas masivas con vacunas baratas nos serán útiles contra tantas muertes evitables.

4) Exploración del espacio. Casi todos preferimos nuestro planeta, pero es pequeño comparado con la capacidad que tenemos de crecer como población. Los métodos anticonceptivos han representado un gran avance en este sentido, pero tarde o temprano el piso se nos quedará pequeño o con la nevera vacía. Veremos con nuestros ojos (o los de nuestros hijos) el establecimiento de las primeras colonias en la Luna y los primeros viajes tripulados a Marte y otros planetas próximos. Hay muchos problemas a superar (la pérdida de calcificación de los huesos, la necesidad de nuevos combustibles...), pero confío en el ingenio humano.

5) Escapar no será suficiente. Tendremos que encontrar nuevas fuentes de energía en la Tierra y nuevos alimentos. No podemos confiar para siempre en el petróleo (cada vez más escaso) ni la energía nuclear, ni esperar que la eólica o la solar nos salven. Debemos ser más ambiciosos. ¿Fisión nuclear en vez de fusión? No lo sé. Se lo dejamos a los expertos. También deberemos replantearnos cómo conseguir agua dulce a partir de agua salada de forma eficaz superando las actuales desalinizadoras. Y -¿por qué no?- la síntesis química del agua y del oxígeno de forma asequible y a gran escala. Más de un profesor de química ahora se tira de los pelos, pero me sabrá disculpar. También recuperaremos nuestros libros de Julio Verne y trataremos el mar como un lugar del que obtener nuevos cultivos. ¡Queda tanto por hacer!

6) ¿Y la tecnología? Mejor no hablar, porque me desboco. Películas e impresiones en 4D y 5D que se puedan oler y tocar; ordenadores que funcionarán solo pensando lo que queremos hacer, conectados con nuestra corteza cerebral y funcionado a velocidades inimaginables superando las limitaciones actuales de los superconductores con conocimientos derivados de la física cuántica; coches y aviones inteligentes que conducirán solos.

7) ¿Y el resto de la biomedicina? Formas efectivas de sustituir los genes dañados de tantos niños con enfermedades minoritarias como el síndrome de Rett; tratamientos definitivos contra la esclerosis múltiple, la enfermedad de Huntington...

A veces recuerdo a Christopher Reeve, el protagonista de la película Superman de 1978. Para muchos niños era un héroe. Para mí lo fue más cuando apareció caminando tras la sección medular por una mala caída de un caballo (http://www.youtube.com/watch?v=OFYSUPlZmcg). Solo era un anuncio, pero nos hizo soñar a muchos que todos los problemas técnicos y las enfermedades tienen solución. No dejemos que el sueño muera. 

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