13 ago 2020

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Tribuna

No es política. Es Barcelona

Jaume Collboni

El triunfo en las urnas de Ignazio Marino, en junio de este año, dio el billete de vuelta a la izquierda al Ayuntamiento de Roma, poniendo así fin al breve paréntesis conservador. Su mensaje de campaña No es política. Es Roma, sirve de inspiración  a los que creemos que el futuro de Barcelona pasa por un cambio real en la forma de hacer política que permita  formular un nuevo proyecto para la ciudad.

Primarias ciudadanas. Las primarias abiertas suponen un primer paso en la demanda de una ciudadanía hastiada con lo que hoy muchos entienden por política. Son el punto de inflexión a partir del cual el socialismo realiza una particular devolución de la política a los ciudadanos; el poder de decidir el candidato o candidata a la alcaldía de Barcelona. Supone ampliar el compromiso cívico y democrático en una decisión hasta ahora monopolizada por los partidos. Pero también es dotar de contenido a una ciudadanía plena y, digámoslo claramente, una forma de restituir la legitimidad perdida.

Son la oportunidad para que la izquierda, con un nuevo método, construya el nuevo relato, el nuevo proyecto, basado en los valores y la personalidad propia que debe recuperar nuestra ciudad. La convocatoria de una primarias es un éxito, pero necesitamos trasladar a los ciudadanos los matices y fortalezas de un nuevo proyecto de progreso para Barcelona. Tenemos que devolver al PSC la capacidad de representar la diversidad de la ciudad. Hemos de recuperar la pluralidad como valor y la participación democrática como la vía para la definición de una nueva propuesta, desde la suma de visiones y vivencias de la ciudad.

Barcelona volverá a ser de nuevo un laboratorio del futuro político. El lugar en el cual innovar y experimentar fórmulas que pueden abrir opciones que ahora ni imaginamos. La ciudades son la expresión de la voluntad de convivir, en ellas se respira el aire de la libertad. Y la convivencia y la libertad son el mejor entorno para soñar el futuro.

Las primarias deben ser también una proceso de suma para generar liderazgos inclusivos, colaborativos, que fundamente de nuevo la política en la argumentación y el debate. No será difícil, porque participar, construir, contribuir, cooperar, son signos distintivos de identidad de los barceloneses . Basta con ver nuestro rico tejido asociativo, del cual muchos procedemos.

Primarias para hacer ciudad. Este proceso de apertura tiene que desembocar en una propuesta compartida de un nuevo relato para Barcelona. Un proyecto sólido que haga frente a una concepción de ciudad hecha desde la improvisación; donde no hay visión; que prioriza la marca sobre el modelo; que pone en venta el espacio compartido; que renuncia al liderazgo de lo público y delega en el mercado la definición de su esencia.

Frente a un planteamiento político que niega la ciudad, que la supedita y la ningunea, debemos definir una  propuesta que crea en ella. Porque es la que mejor puede dar respuesta a los desafíos de futuro, donde fracasa el viejo modelo de Estado con sus fronteras. Un proyecto con horizonte definido y perceptible, que explique cómo reconstruir la solidaridad ante el incremento de las desigualdades. Que recupere la idea de ciudad inclusiva, con unos servicios públicos fuertes y una ciudadanía activa. Que dé respuesta  a un capitalismo desbordado que arrasa con derechos sociales y amenaza la fisonomía de Barcelona, sus usos y forma de vida, ante la inhibición de los que nos gobiernan. Una propuesta que afirme que hoy la confianza en el futuro vendrá de la conectividad, y de la capacidad de la economía urbana de generar oportunidades en forma de empleo. Un proyecto donde la creatividad sea la base de la economía del futuro, de  la cultura y, en consecuencia, de nuestra propia identidad como ciudad.

Construir un nuevo proyecto en una ciudad democrática es hacerlo de forma compartida, respondiendo a las preguntas que se hacen los ciudadanos. Expresando también dudas de forma abierta y sincera. Las primarias entroncarán así con las cualidades democráticas de Barcelona, su capacidad de trabajo asociativo, de innovación social y de cooperación.

La democracia en la ciudad puede ser, sin duda, un motivo de esperanza en un mundo globalizado donde la lógica del mercado está ganando la batalla a la ciudadanía. Barcelona ya combatió y venció , hace más 30 años, a la vieja política, la vieja economía, o al viejo urbanismo. Ahora tenemos la oportunidad de volverlo a lograr.

No es política. Es Barcelona.