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Todo ha sido culpa de internet. El proceso soberanista no se entendería sin la fuerza de la red ni la capacidad de movilización de las nuevas tecnologías. Una Via Catalana o la Diada del 2012 no serían posibles únicamente con la manipulación de TV-3 o el adoctrinamiento escolar, como piensan en Madrid. El fracaso estatutario con Zapatero y el portazo de Rajoy al pacto fiscal han llevado a un callejón sin salida a un grueso de la población, no al president Mas. Durante los últimos años, el desengaño que ha radiografiado Germà Bel en su libro ha coincidido con la irrupción de las redes sociales y el crecimiento de los medios digitales. Pongan conflicto político, crisis económica y comunicación en red, y el resultado es lo que hoy tienen sobre la mesa.

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Hace ocho años la lengua y cultura catalana logró, contra pronóstico, el dominio .cat de internet. El Gobierno de Aznar lo boicoteó, pero la candidatura triunfó a pesar de los malos augurios. Como ahora con lo de salir de la Unión Europea. La misma canción. En este tiempo los catalanes han conquistado la red, con una lengua que ya es global, y han creado un territorio virtual propio que ha evolucionado hacia el soberanismo.

No es que Mas, Espadaler, Junqueras, Herrera, Mena y Fernàndez lleven Catalunya al abismo con la consulta, es que son los catalanes movilizados los que los arrastran. Hace diez años el cronista de Mataró Manuel Cusachs Corredor publicó un libro sobre la transición de la dictadura a la democracia. Se tituló De súbdits a ciutadans. Han pasado casi 35 años y en Catalunya, en el siglo XXI, la gente se ha creído que no eran súbditos, sino ciudadanos. Iñaki Gabilondo dice que Catalunya se va, pero si persiste la negación democrática de Rajoy Rubalcaba se habrá ido.