tú y yo somos tres

«Nos faltó la guillotina»

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Arturo Pérez-Reverte con Évole en Ciutat Meridiana (’Salvados’).

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Que Jordi Évole consiga con su Salvados (La Sexta) rozar por segunda vez el 20% de cuota de pantalla (casi cuatro millones de espectadores) en una cadena cuya audiencia media es del 6% significa que está pasando algo. Algo que Évole lleva demostrando desde hace tiempo, que no es puntual, y que no parece que los constructores del sifón televisivo estén prestando la atención que merece. Algo que podríamos definir como la avidez, la necesidad, las ganas de los teleespectadores por encontrar en la tele lugares en los que nos hablen claro. Con todo el desgarro que conlleva hoy en España la palabra claridad. Y para iniciar su nueva temporada, Évole ha convocado a un hombre que suele huir de la tele de forma sabia y sistemática, el escritor y periodista Arturo Pérez-Reverte, pero que esta vez ha aceptado. Y se ha soltado. Ha sido una conversación en la terracita de un humilde bar de Ciutat Meridiana. Y meridiana ha sido la charla. ¡Ahh! El análisis de Reverte ha sido lúcido, corrosivo, vitriólico, implacable. «España es un país maldito históricamente. En el Concilio de Trento elegimos al dios equivocado: elegimos al dios oscuro y tétrico de la Inquisición, de los hierros y el cerrojo. Tampoco acertamos cuando la Revolución Francesa: a nosotros nos faltó la guillotina. España es un país más reaccionario que revolucionario. Confundimos cabreo con revolución. Odiamos más que amamos. Votamos más a la contra que a favor. En España nos gobiernan los mismos desde hace mucho tiempo. Durante siglos, el clero y la aristocracia nos estranguló, y ahora los políticos han tomado su lugar. Me decía Juan Marsé 'A mí me han puteado siempre los mismos: con el franquismo, los abuelos, en la democracia, los padres, y ahora, los hijos. No ha cambiado nada'. Son una casta intocable. Parece que se pelean en el Congreso pero cuando llegan al salón del Palace todos son amigos. Lo mismo valen para ser ministros que para ser consejeros de Telefónica o del Santander». ¡Ahh! Verdades como puños en la terraza de un humilde bar de Ciutat Meridiana.

Si este fuera un país normal, programas así se impulsarían desde la televisión pública. Pero en TVE-1 están ahora mismo ocupados manipulando Informe semanal, o cualquiera de sus Telediarios, y como que nos consideran un rebaño, se gastan nuestro dinero echándonos de comer mamarrachadas como Uno de los nuestros. No quieren entretenernos, quieren anestesiarnos.