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A los Juegos de Invierno, ¡no jugamos!

Ricard Gomà

Cuando una ciudad se plantea un proyecto de 2.600 millones de euros, con la carga simbólica y mediática de unos Juegos Olímpicos, hay tres elementos ineludibles: liderazgo político, complicidades sociales y debate democrático de ideas. Xavier Trias ha intentado evitar a los tres. No ha liderado, no ha expresado convencimiento ni proyecto, más bien ha surfeado por las circunstancias, ha desplazado la responsabilidad al resto... (tampoco nos viene de nuevo, es un estilo errático que ya conocemos). ¿Complicidades ciudadanas en BCN? ninguna. ¿Debate de ideas? Ha hecho todo lo posible para que no se produjera. Trias habla con los lobbies, con la cúpula olímpica... y a través de los medios, pero no quiere debatir con la ciudadanía ni con los grupos municipales. ¿Cómo es posible que el alcalde no haya llevado este tema al Plenario del Ayuntamiento de Barcelona, con transparencia, con documentos, con argumentos? Fue nuestra proposición la que hizo posible ese debate. Como se merece la ciudad y la ciudadanía, expusimos argumentos. Sobran los motivos para construir un 'no' sólido a los Juegos de Invierno: por injustos, insostenibles y anacrónicos. Un 'no' que es también, sobre todo, un SI a seguir luchando --más que nunca-- por una ciudad democrática, en manos de la gente y de los barrios.

El modelo de transformación urbana a partir de un gran evento es obsoleto, caduco. La mejora de Barcelona se hará de la mano de los barrios, no de una competición de élite; con muchas acciones cotidianas, no con una gran transformación puntual; desde la participación vecinal, no desde la burocracia olímpica. ¿No sería más responsable y democrático que los más de 100 millones de inversión sólo en instalaciones para los Juegos se destinaran a la mejora de los barrios, la cohesión urbana y el reequilibrio territorial? Y si hablamos de los costes ambientales del proyecto, de verdad creen que en una ciudad y un país mediterráneo, que quieren ser referentes en la lucha contra el cambio climático, tiene sentido celebrar unos Juegos de Invierno? ¿Tiene sentido plantearse la producción de nieve artificial a escala masiva con los costes energéticos que ello conlleva? Serían necesarios 1.000 millones de litros de agua para producir nieve artificial durante 15 días, una cantidad equivalente al consumo doméstico anual de una ciudad de 50.000 habitantes. Todo esto no tiene sentido.

Y es verdad, no serían sólo los Juegos de Barcelona. Tienen una dimensión de país y de Pirineo, bien clara. Y una apuesta de modelo económico. Un modelo anclado en pautas del pasado, antiguo, que no incorpora las dimensiones de la transición ecológica: ni la diversificación de actividades, ni la nueva cultura del territorio, la energía y el agua. No tiene ningún sentido la implantación efímera de una Villa Olímpica en La Molina con una inversión de 150 millones. ¿Se imaginan 150 millones para impulsar planes de activación de la economía verde y cooperativa en el Pirineo? ¿Para crear empleo de calidad en actividades diversificadas y sostenibles en el conjunto de las comarcas de montaña? Y no es válido querer legitimar la operación Pirineo a partir del imprescindible desdoblamiento ferroviario Vic-Montcada. Porque no vale hacer colgar esta infraestructura de movilidad del hilo de unos Juegos. Se debe hacer ya, con inversión pública no condicionada, sin ningún elemento de chantaje.

Siendo todo esto relevante, hay una reflexión que pasa, incluso, por delante de todas ellas. Hoy la situación social en Catalunya y en Barcelona es muy dura. El impacto combinado de crisis y recortes es devastador en nuestra ciudad: 45.000 personas paradas sin prestación; 2.900 niños en riesgo de malnutrición; 17 desahucios al día; 100.000 hogares en pobreza energética; 30.000 cortes de agua. Y frente a todo esto... Un proyecto de Juegos de Invierno con una cifra de inversión casi equivalente a 2 años de recortes en educación, sanidad y servicios sociales en Catalunya. Nos decían que no tenían dinero para mantener escuelas o centros de salud, y resulta que sí, que los tenían, pero en un cajón, reservados para hacer un palacio de hielo o un anillo de velocidad. ¿Cómo puede explicar a los vecinos/as que no hay recursos para hacer guarderías, inversión en vivienda social o restablecer los buses de barrio, pero sí han encontrado, en cambio, 2.600 millones por unos Juegos de Invierno? Es comprensible para alguien que sea necesario despedir maestros, dejar de pagar a las entidades sociales, o cerrar urgencias, y en cambio encontrar 2.600 millones para un evento deportivo? ¿Cómo se puede explicar que faltan 100 millones para rentas mínimas de inserción (en el Besòs, en La Marina, en el Carmel) pero se encuentran 100 millones para hacer un anillo de velocidad, arreglar el Palau d’Esports y cubrir el Velòdrom d’Horta? ¿Es comprensible que se recorte en políticas activas de empleo, que se dejen sin prestación las personas con dependencia, y se destinen 70 millones para un circuito de pruebas de hielo?

Por todo ello, pedimos al alcalde la renuncia a los Juegos de Invierno sin fisuras: para el 2022 y en cualquier otra fecha. Abandonemos un proyecto sin sentido, que no aporta nada a la calidad urbana y ambiental de Barcelona. Dejemos un proyecto inexplicable e incomprensible en tiempos duros de sufrimiento social. Dejemos un proyecto que aleja el Pirineo de un futuro equilibrado y sostenible. Estamos seguros de que la mayoría de la ciudadanía conectaría hoy con la decisión de renunciar. Nosotros les proponemos que lo hagan.

Post publicado en el blog de Ricard Gomà