08 ago 2020

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Un poco menos de autismo, por favor

Joan Tapia

La principal crítica al ajuste fiscal español es que toca poco el consumo público y decapita las inversiones. Volverá a pasar en el 2014. La inversión baja a 12.000 millones, un nuevo recorte del 7,2%. La regionalizable (9.786 millones) cae todavía más, un 8,4%. Pero lo increíble es que la inversión en Catalunya se queda en 944 millones,  un hachazo del 25,5%, mientras que en Andalucia y Galicia, con cifras absolutas superiores, la inversión crece. Si hay que ajustar se entendería que la inversión aquí bajara la media, un 8%, pero no el 25%, tres veces más.

Además, el planteamiento catalán (el del Estatut) era que la inversión del Estado fuera equivalente a la proporción del PIB catalán respecto al español (el 18%). Es admisible que este porcentaje se reduzca algo, pero nunca que, como en el 2013, se quede en el 11,9%. Y menos todavía que para el 2014 -en medio de una grave crisis entre Catalunya y España- Madrid redujera el porcentaje de inversiones al 9,6%, la mitad de lo que Catalunya aporta al PIB español. ¿Es una provocación, como ha dicho el presidente de Pimec? ¿No se entera Madrid de lo que piensan no ya los políticos sino los empresarios del Foment y de la Cámara?

Además, el menosprecio al bolsillo de los catalanes de los presupuestos de Montoro sigue al que hace el ministro Wert a la cultura y el alma catalanas con su empeño en que la ley de educación liquide la inmersión lingüística, una longeva realidad que tiene un consenso muy amplio y que no osó tocar ni el Aznar de la mayoría absoluta. Rajoy es más abierto que Aznar pero quizá el Madrid de hoy, y el PP de hoy, desconocen más lo que pasa en Catalunya. Son más autistas.

Y el autismo traspasa el Ebro. Así los popes independentistas aseguran que nadie osaría expulsar de la UE a una Catalunya independiente. Ignoran así que la UE es una unión de Estados. Si Catalunya sale de España ya no forma parte del Estado socio y deja de estar en la UE y en el euro (otra cosa es que utilice la moneda como hacen Montenegro y Andorra). Claro, puede solicitar la entrada, pero debe negociarla y no tener el veto de ninguno de los 28 Estados miembros. Ahora, tras las declaraciones de los comisarios Almunia y Barnier (francés), Artur Mas admite que puede haber problemas pero insiste en que dudar del estatus de Catalunya en la UE -algo esencial para la mayoría de los catalanes- es hacer el discurso del miedo. También aquí hay autismo.

El domingo pasado, Joaquín Muns, que fue uno de los 20 directores ejecutivos del FMI -gracias a su cualificación y a la influencia de Jordi Pujol en Madrid- y luego eurodiputado de CiU, advertía sobre la gravosa factura de la independencia. Y lo mismo hacía en El País Francesc Granell, primer director general de exportación de Pujol que luego fue alto cargo en Bruselas durante más de 20 años y que negoció el ingreso de Finlandia. Son dos economistas de primera y de la órbita convergente. No importa. Mas los cree soldados del discurso del miedo y ayer, tras la visita a Bruselas -en las que no vio a Durao Barroso, al que Duran visita con regularidad-, proclamaba haber roto «el cerco de la UE».

Enfrascados en sus nacionalismos respectivos, Rajoy y Mas se reclaman «gestos de grandeza». Bastaría con un poco menos de autismo.