Opinión | Análisis
ANTONI GUTIÉRREZ-RUBÍ
La nación y sus símbolos necesarios
Las naciones necesitan símbolos y la política, también. Son imprescindibles para la conciencia e identificación nacional, para construir el sentimiento de pertenencia a una comunidad y para el relato político. Los símbolos nos unen con el pasado, y nos proyectan al futuro. Son portadores de profundas emociones. Conmueven y cohesionan, de ahí su gran importancia.
La Via Catalana será, sin duda, un hito icónico en la historia del catalanismo político: por su ambición, por su dimensión, por su movilización. Estos elementos contribuirán a su éxito por el magnetismo de su propuesta.
El reto. Hay un desafío organizativo que actúa como poderoso estímulo y que es un espejo del lema de la convocatoria. La incertidumbre sobre el éxito total de conseguir cubrir todo el trazado es un motor de movilización extraordinario. Es difícil, ambicioso, nuevo. Como el reto político que persigue.
El color. El amarillo es un acierto total. Notorio, optimista, enérgico… es un color asociado a lo nuevo. Su psicología es esperanzadora y vital. En el cromatismo de las marcas políticas, solo está presente en aquellas que defienden postulados soberanistas. Y se encuentra en la senyera de fondo cohesionador. El uso del amarillo lo estamos viendo también en protestas sociales, como el 15-M, y en muchos movimientos reivindicativos a nivel internacional.
La cadena: Una cadena humana crea comunidad y muestra unidad. Unir las manos, además, está fuertemente conectado con nuestras tradiciones culturales más singulares: lo encontramos en la sardana, y en la pinya castellera. También en las resistencias políticas contra la dictadura. Y tiene grandes antecedentes como la cadena Báltica, que en 1989 reunió a más de un millón y medio de personas, cruzando las tres repúblicas bálticas (Estonia, Letonia y Lituania), siendo precursora de su independencia.
El trazado: De norte a sur, de frontera a frontera, y pasando por toda la geografía costera catalana. El resultado será como una «columna vertebral» de Catalunya, inequívocamente soberanista. La metáfora es poderosísima: el independentismo social y político no como pal de paller (imagen tradicional) sino como la nueva columna transversal. El nuevo eje.
La imagen. Será muy atractiva. Seguro. La variedad de expresiones visuales que veremos ofrecerá un mosaico de creatividad y diversidad que será muy estimulante para el eco y ampliación audiovisual internacional. La plasticidad está garantizada. Será el evento más global y compartido en las redes sociales que habrá generado nunca Catalunya.
El sonido. A las 17.14 horas repicarán las campanas de muchas iglesias. El sonido representa, de alguna manera, la hora catalana, la fiesta ciudadana y la llamada política. Y tiene un efecto épico de urgencia y conexión histórica con el pasado.
El mundo simbólico, con su magnetismo, es una batalla de sentimientos y marcas. La Via tiene todos los elementos para ser recordada, vivida y sentida como un hecho memorable. Y, por consiguiente, histórico. Triunfará por bella y alegre.
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