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MIRADOR

El dilema de decir la verdad

Rosa Paz

Es muy propio de la naturaleza humana, típico de ese instinto de supervivencia heredado de nuestros ancestros de las cavernas, que una persona que se siente amenazada trate de protegerse en el burladero, aunque sea en uno metafórico de, por ejemplo, unos buenos datos de empleo en el mes de julio. Una reacción lógica, quizá, pero no parece que inteligente ni de gran astucia política.Y vista la comunicación enviada por el Gobierno al Congreso de los Diputados para solicitar la comparecencia del presidente el 1 de agosto, da la sensación de que Mariano Rajoy está tentado de escudarse en algunos buenos datos económicos -que ojalá se produzcan -y, posiblemente, en una larga de retahíla de esos «y tú más» que le lanza a la oposición para continuar esquivando las explicaciones que le exigen los ciudadanos, los principales periódicos extranjeros, los mercados y muchos de los militantes del PP sobre las acusaciones vertidas ante el juez Pablo Ruz por el extesorero Luis Bárcenas. Es decir, sobre la supuesta financiación irregular del PP y sobre si la cúpula del partido cobró sobresueldos en dinero B.

Si en ese redactado ambiguo con el que se solicita el pleno extraordinario -dar cuenta de «la situación política y económica»- Rajoy no incluye «decir la verdad sobre lo que sabe», como le exigía hace una semana el Financial Times, el presidente comparecerá en vano, en una actuación que no le servirá para aliviar la tensión política del país ni para atajar el descrédito interno e internacional, por más que los resultados de la Encuesta de Población Activa (EPA) sean positivos.

Como cada día tiene su afán, del debate del 1 de agosto se espera que el presidente aclare por qué el 2 de febrero negó rotundamente «cualquier irregularidad que se sospeche a partir de papeles apócrifos» y ahora resulte que el extesorero ha admitido la autoría de esos manuscritos y se los ha entregado al juez Pablo Ruz junto con más documentos y -dicen- más pruebas. Lo que tiene que explicar es por qué en marzo, cuando hacía semanas que se conocía la fortuna de Bárcenas en Suiza, todavía le enviaba SMS diciéndole: «Luis, lo entiendo. Sé fuerte». Y tiene que clarificar por qué el extesorero cobró 21.000 euros mensuales del partido hasta el 31 de enero del 2013. Debe disipar, claro, todas las dudas sobre si ha habido financiación irregular y si han cobrado sobresueldos, porque esa es la esencia de todo el espectáculo estupefaciente de acusaciones y desmentidos que se está viviendo. De la credibilidad de sus explicaciones va a depender en buena manera su futuro. Decir la verdad, sea cual sea, puede forzarle a afrontar responsabilidades políticas indeseadas, pero si no despeja las incógnitas, solo habrá iniciado el camino de un largo calvario.