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LOS SÁBADOS, CIENCIA

No me rompas el corazón

Manel Esteller

Al ser clave, las enfermedades que padece este órgano tienen mucha influencia en la salud

Ella dibuja en su libreta de Hello Kitty la periferia de un corazón con un rotulador rojo. Se detiene, mira alrededor, y entonces pinta una flecha que lo atraviesa y unas gotitas de sangre brotan por la punta. A un lado escribe Noemí y al otro, Jonathan. ¡Ah! ¡El amor! Pues es mentira. El corazón es una mera bomba peristáltica. Los sentimientos están un poco más arriba, en el cerebro.
Pero la imagen romántica del corazón como centro de tantas penas y alegrías es parte del imaginario colectivo desde tiempos inmemoriales. Algunas culturas precolombinas lo llevaban al extremo de dedicar ceremonias elaboradas para comerse literalmente el corazón del enemigo para coger su fuerza. Pero nuestro corazón lo que hace esencialmente es empujar a nuestra sangre por todo el cuerpo para que pueda llegar hasta el rincón más lejano de nuestra bella anatomía.

SE TRATA DE un órgano magnífico. Es una inmensa masa muscular vacía por dentro. Hay dos tipos de músculos: lisos y esqueléticos. Los primeros son involuntarios y, por ejemplo, rodean los vasos sanguíneos, mientras que los segundos son voluntarios y nos permiten hacer «posturitas», como por ejemplo el bíceps. Pues el corazón es la excepción: un músculo esquelético involuntario. Tiene cierta lógica: imaginaos que tuviéramos que estar pensando continuamente en hacerlo latir. ¡Cómo te descuides la palmas!
Situado más hacia el lado izquierdo del tórax (aunque podemos encontrar ocasionalmente alguien que lo tenga en el otro lado), el corazón está dividido en dos mitades: derecha e izquierda, que nunca se comunican. Vamos, como si fueran partidos políticos. A su vez, cada parte tiene dos compartimentos: aurícula y ventrículo. Y, entre ellos, se encarga de regular la circulación de la sangre una estructura que se llama válvula (mitral, la izquierda y tricúspide, la derecha).
El corazón derecho se encarga de la circulación menor, la que los pulmones; el corazón izquierdo se encarga de la circulación mayor, la que va al resto del cuerpo. La segunda descubierta por el inglés William Harvey y la primera por el aragonés Miguel Servet, muerto en la hoguera por negar la existencia de la Trinidad. Y entre los dos corazones, un tabique los separa. Defectos del mismo, por ejemplo asociados a un mal cierre del paladar, pueden ocasionar problemas y debemos vigilarlos en los niños pequeños.
El corazón es un órgano clave para nuestra vida. Por eso sus enfermedades tienen tanta influencia en la salud general. Los más jóvenes que se dedican al deporte, tienen que vigilar la miocardia hipertrófica, palabrota que quiere decir que hay gente con el corazón demasiado grande pero poco eficaz y en un esfuerzo se colapsa. Le ha pasado recientemente a algunos futbolistas de élite. Para los demás, deben vigilar las arritmias, que nos las podemos imaginar como parpadeos del sistema eléctrico que controla la contracción-distensión del corazón.

DE CÁNCER POCO. Curiosamente es un órgano poco afectado por los tumores y podemos encontrar de vez en cuando una proliferación benigna que se llama mixoma. Si pelamos el corazón como una manzana encontraremos diferentes capas desde dentro hasta el exterior: el endocardio, el miocardio y el epicardio/pericardio. Las inflamaciones del primero y el tercero, por ejemplo asociadas a virus o a otros microorganismos, pueden ser graves, pero uno de los grandes asesinos en nuestra sociedad es la alteración del miocardio: desde la angina de pecho hasta el infarto de miocardio. Los vasos que irrigan esta área se taponan y deja de latir.
Predisposición genética (vigilar las bolsitas de grasa alrededor de los ojos, llamadas xantomas), más hábitos de vida poco saludables, como la dieta rica en grasas animales y el tabaco, aumentan mucho el riesgo. Y atención que debemos ser conscientes de que está pasando de ser una enfermedad masculina a empezar a darse con la misma frecuencia en mujeres, quizá debido a los cambios sociales.

UNA DE LAS suertes es tener buenos profesionales que desde la práctica clínica y la investigación nos ayudan a luchar contra la enfermedad cardiovascular: los doctores Ángel Cequier y Nicolás Manito del Hospital General Universitario de Bellvitge y el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL). La doctora Lina Badimón del Centro de Investigación Cardiovascular del Hospital de Sant Pau. Los doctores Pedro, José y Ramón Brugada del Hospital Clínic de Barcelona y del campus biomédico de Girona; el doctor Antoni Bayès-Genís del Hospital Germans Trias i Pujol; el doctor David García-Dorado del Hospital Vall d'Hebron...
Haced de tripas corazón y continuad con vuestras investigaciones.

Médico. Institut d'Investigació Biomèdica de Bellvitge

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