28 mar 2020

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Al contrataque

El callejón del gato mundial

Pepa Bueno

La contemporaneidad se ha vuelto tan original que es cada vez más difícil analizarla. Unas veces porque cuesta entender lo que está pasando y otras porque la simple descripción de lo que pasa es insuperable. Estuve hace dos años y medio en Egipto, en los días emocionantes y vertiginosos que precedieron a la caída de Hosni Mubarak.

El ejército, cómplice durante tantos años de la dictadura, era sin embargo una institución que inspiraba respeto a una inmensa mayoría de la población. Pero estaba claro también que el poder político y económico de los militares formaba parte del tiempo y el sistema que pretendían derrocar.

Y aquí estamos, un año después de las primeras elecciones democráticas, aquella misma plaza Tahrir que rugía pidiendo la salida de Mubarak, aplaudía esta semana el golpe de Estado que ha depuesto al primer presidente elegido en las urnas y propiciado la vuelta al poder de los militares egipcios. La misma plaza Tahrir que es ya un símbolo de la libertad, es también el escenario en el que cada día se viola a mujeres con la complicidad y/o pasividad de muchos de los que gritaban contra el tirano y ahora gritaban contra la ineficacia del gobierno democrático.

Según las ONG's presentes en El Cairo, ha habido un centenar de mujeres violadas esta semana.

Pero las contradicciones no son un privilegio de los países árabes. Qué decir de esos gobiernos europeos que se indignan con los métodos de espionaje electrónico de Estados Unidos y claman contra ellos solemnemente en la Eurocámara, mientras retienen el avión presidencial de Evo Morales, jefe de Estado de Bolivia, ante la simple sospecha de que puede viajar a bordo el actual enemigo público número uno en Estados Unidos.

Las libertades

Y la paradoja total es que a Edward Snowden lo persigan por denunciar públicamente un modelo de espionaje que es todo un sistema de intromisión en la intimidad; que él pida asilo en un país, Ecuador, donde acaba de entrar en vigor una ley de comunicación, considerada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos como una ley mordaza, que se aleja de los estándares de respeto a la libertad de expresión.

Y para rizar el rizo, que al exagente de la CIA lo pueda defender Baltasar Garzón, expulsado de la carrera judicial por espiar las conversaciones de unos presos con sus abogados. ¿Hay quién de más?

Si, últimamente siempre hay quien dé más. La Casa Real española, por ejemplo. En pleno debate sobre si las monarquías europeas han decidido renovarse por la vía de acelerar la llegada de monarcas más profesionales y conectados con la realidad, Zarzuela decide hacer pública por fin la investigación sobre la herencia del padre del Rey.

Conclusión: Don Juan Carlos empleó una herencia de unos mil millones de pesetas en pagar deudas que dejaron sus padres. Y declaró esa herencia a Hacienda, pero nadie en palacio encuentra el resguardo.