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Eduardo Ester y Marc Gorga.

Eduardo Ester y Marc Gorga.

Aunque hace poco más de un año que se conocen, ya actúan como si fueran una única persona. Su sincronización es la suma perfecta de cuatro piernas, dos cerebros, cuatro brazos y muchas horas de entrenamiento detrás. Corriendo, es Eduardo Ester quien marca el ritmo. En el agua,Marc Gorgalo guía mediante un código más que ensayado: si le estira el brazo, Eduardo sabe que ha de girar a la izquierda; si le da golpes en el hombro, lo que toca es ir hacia la derecha. En la bicicleta, sin embargo, los dos van a una. Cuando están en el tándem, la intensidad y la técnica de la pedalada de uno, es idéntica a la del otro.

Los dos se ayudan y se necesitan.Eduardo, de nacimiento, sufre retinosquisis: una discapacidad por la que ha perdido el 77% de la visión. Del ojo izquierdo, está completamente ciego. Del derecho, conserva un resto visual que le permite ser autónomo y poder trabajar como informático. Durante diez años practicóatletismo, llegando a ser campeón de España en salto de altura. Pero cuando su disciplina cayó del programa paralímpico, encontró en el paratriatlón la oportunidad ideal para cumplir su sueño; y en Marc Gorga, el guía, el entrenador y el amigo imprescindible para recorrer el camino.

Marc también es triatleta y compite cuando puede, pero gracias a Eduardo accede a campeonatos de alto nivel donde difícilmente estaría por sus propios méritos. El pasado fin de semana, fueron séptimos en elCampeonato de España de Paratriatlón; aunque el objetivo que planea en su horizonte son losJJOO de Rio 2016. Para conseguirlo, necesitan dinero para financiarse las competiciones clasificatorias, porque en un deporte como el suyo es Eduardo quien asume todos los gastos. “Lo mínimo que puedo hacer por Marc es pagarle lo que nos cuesta esta aventura, pero a veces pienso: ¿cómo me voy a gastar 2.000 euros en una competición si no me sobra el dinero?”, me explica contrariado.

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A pesar de ser injusto, es el precio que supone apostar por una filosofía de vida valiente. El deporte hubiera podido ser un mero pasatiempo para ellos; sin embargo, ambos han querido que se convierta en el motor de sus vidas. Marc, regalando su tiempo y esfuerzos a alguien que lo necesita para ser feliz. Eduardo, aprendiendo a superarse y huyendo del conformismo y los miedos que a menudo frenan a gente como él. Juntos se hacen fuertes y encuentran la manera de hacerse visibles en la sociedad. Juntos nos demuestran que, si los dejamos, ellos también pueden.

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