02 oct 2020

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Catalunya, me gusta compartir (o no)

Jordi Climent

Hace unos días, el Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat publicó la segunda oleada de este año del Barómetro de Opinión Política, que tal como se describe en la misma web, “recoge la percepción de la sociedad catalana sobre política, economía, medios de comunicación, comportamiento electoral y la valoración de líderes políticos”. Todos los medios de comunicación han destacado el cambio que se produciría en el arco parlamentario catalán en el caso de que en este momento se realizaran elecciones en Catalunya.

Es cierto que este dato es muy interesante y, a buen seguro, provocará que los que han sido relegados de su posición actual pisen el acelerador para intentar seducir a la ciudadanía (esto es lo que suele pasar cuando los gobiernos y los partidos actúan a golpe de encuesta). Pero hay otros datos muy interesantes que han pasado desapercibidos, como lo que piensa la ciudadanía sobre la corrupción política, por ejemplo. Dicho sea de paso, en su presentación a los medios de comunicación y a la ciudadanía en general, el CEO no habla específicamente de corrupción política y presenta este dato y otros como “insatisfacción con la política” (¡viva la transparencia!).

La corrupción política se sigue considerando el segundo problema más importante del país (14,4%), por detrás de la falta de trabajo (64,5%) y por delante de -¡atención!- el nuevo estatuto y autogobierno (12,6%). Me resulta curioso que se hable de “nuevo” estatuto (hace escasamente unos días que cumplió siete años) y que este hecho preocupe más a la ciudadanía que los recortes (11%), que los políticos no escuchen a la gente (0,4%) o la sanidad (7,9%).

Pero eso no es todo. Si comparamos la primera oleada de 2013 del barómetro y la actual, el número de catalanes que consideran a la corrupción política el principal problema de Catalunya ha pasado del 35% al¿14,4%, ¡una disminución de 20,6 puntos! No recuerdo un cambio en la opinión de la ciudadanía, respecto a la corrupción, tan disparatado. Bueno, ni en cuanto a otras cuestiones (tampoco me he dedicado a hacer un análisis exhaustivo, todo hay que decirlo). Este dato sí que nos debería hacer preguntarnos qué nos está pasando, que hemos cambiado tan bruscamente de opinión respecto a un tema tan sensible, y no si tal formación política sube 1,1 puntos o tal otra baja 0,3.

Quizá la respuesta la encontramos en que, al contrario de lo que dice la campaña turística del gobierno catalán, en Catalunya, realmente no nos gusta compartirlo todo.

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