tú y yo somos tres

«Escarmiento en mi trasero»

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Sergi Arola responde, en Lisboa, a Isabel San Sebastián (Tele 5).

Dolido, sorprendido y triste, el famosísimo cocineroSergi Arola ha concedido una entrevista a la periodistaIsabel San SebastiánparaEl gran debate(T-5). La conversación tuvo lugar en Lisboa.Arolarelató con entereza el suceso que le ha llevado a las portadas de todos los informativos: hace una semana, al mediodía, mientras en su restaurante Gastro de Madrid estaban preparando el servicio para los 40 comensales que estaban en el comedor esperando para almorzar, funcionarios de la Agencia Tributaria se personaron y procedieron a precintar diferentes estancias y servicios del local. Motivo: 148.000 euros de deuda con Hacienda y 160.000 con la Seguridad Social.«He ido a la Agencia Tributaria. He reconocido la deuda. Les dije: 'Voy a pagar, denme tiempo'. Pero no han permitido un calendario de pagos. Se presentaron sin previo aviso. Desde el primer momento la Seguridad Social ha querido ser parte de la solución, en cambio, también desde el primer momento, Hacienda ha querido ser parte del problema»,advirtió Arola, entristecido. Y añadió:«Creo que quieren generar pánico y terror. Si comparas mi deuda con otras, multimillonarias, lo ocurrido solo se explica en clave de escarmiento. Yo no tengo dinero en paraísos. He puesto mi casa a la venta. Y no descarto marcharme de este país. Han querido dar un escarmiento utilizando mi trasero». El comentario más lucido, más meditable, sobre estas sentidas palabras deArolalo pusoAntón Losadaen la mesa del debate que se generó después. Fue cuandoJordi González,para saber cómo se las gastan en otros países, conectó con Nueva York, con la periodistaPilar García de la Granja.AprovechóLosadapara lanzarle la siguiente pregunta:«En Estados Unidos, los famosos que defraudan, ¿tienen una cobertura social y mediática como las que estamos viendo aquí en España?».YPilarcontestó:«Si eres defraudador, no hay cobertura mediática, ni gozas de la simpatía de nadie, en Estados Unidos. Aunque te llames Pavarotti, Madoff o Scorsese».

¡Ahh! La pregunta deLosadafue oportunísima. Incidía en esa curiosa simpatía que aquí nos generan nuestros ídolos, a pesar de sus deudas con el fisco. Eso nos pasa porque aquí constatamos una insultante doble vara de medir. Al cocinero le escarmientan con una sonora patada en el trasero. En cambio a la infanta, por ejemplo, le protegen la retaguardia de manera exquisita.