tú y yo somos tres

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Pedro Garcés, perito judicial y vampiro (`Un príncipe para Corina¿).

Alegría en casa. Nuestro canario flautaPapituestá contentísimo: ha regresado el vampiro aUn príncipe para Corina(Cuatro). Ya dijimos semanas atrás, desde aquí mismo, que era un error expulsar a esta criatura. Daba un juego muy teatral y pintoresco. Ahora que le han vuelto a contratar, este concursito, mitadreality, mitaddisneylandiacursi, recobra el punto de astracanada y de friquismo que necesita. Llega el vampiro de improviso cuando el resto de aspirantes están jugando a la güija; y nos dedica un repertorio de morcillas muy bien trabajadas por los guionistas:«Soy un vampiro showman: cuando no me molestan, canto, y canto bien. A parte de vampiro, soy perito judicial de lo penal. He venido para quedarme: conquistaré a Corina porque soy el único digno de ella». Y cuando va a la habitación y ve que en lugar de cama le han colocado un ataúd, sonríe, enseña los colmillos, bebe un vasito de sangre fresca, y advierte:«Hay noches que prefiero ir a dormir al cementerio». Hombre, este personaje, que dice llamarsePedro Garcés, es un elemento que entretiene mucho. Es muy posible que sea actor, reclutado por el programa en algún virtuoso centro parroquial humilde. Estas martingalas televisivas se suelen fabricar así. Nada más reaparecer, y como era de esperar, ha tenido un gran protagonismo. La princesaCorina,por su parte, está ahora mismo ocupada tonteando conDiego, el pollastre del grupo de los guapos. Ya se han dado el primer beso de tornillo. Ella cree que ha encontrado a su príncipe azul. Pero no sabe que es un espejismo. Aquí el único príncipe que merece la pena es el vampiro. Cuando bebe la sangre -que debe ser un sucedáneo de cubalibre conketchupy unas gotas de tabasco para que pique- se le pone una cara de ternura muy bonita. En casa apostamos decididamente por el príncipe vampiro.

La cadena francesa Arte, en el año 2007, emitió un documental sobre la princesa austriacaLeonor von Schwarzenberg. Se titulabaLa princesa vampira. Esta regia dama, que vivió a caballo de los siglos XVII y XVIII, se pirraba por los murciélagos. Estaba segura de que alcanzaría la inmortalidad abrazando el vampirismo. El poeta alemánGottfried Bürger se inspiró en ella para escribir su poemaLenore, versos que luego, un siglo después, recogióBram Stokeren su célebre novelaDrácula. O sea, que sobre el tema de princesas y vampiros hay acreditada literatura. Alguien debería contárselo aCorina.