29 mar 2020

Ir a contenido

El mercado de trabajo

¿Emprendeduría laboral? No, gracias

Pau González Val

Es inadmisible que la principal respuesta del Govern al paro juvenil sea fomentar el autoempleo

Abro el diario y leo que el paro juvenil sobrepasa los 260.000 jóvenes. Telediarios, Twitter, a mi alrededor: en todas partes veo que muchos jóvenes se han visto obligados a marchar de su ciudad en busca de trabajo, de futuro. La gente joven ya estábamos en crisis cuando la economía española era, según Zapatero, de Champions League. Supongo que se refería a que se la reparten entre unos pocos. Pero esto no ha hecho más que empeorar.

Los datos de la EPA me asustan, y no solo porque cada cifra es peor que la anterior, sino porque veo en ella a Alba, Laie, Pala y tantos otros... Veo proyectos de vida frustrados. Y yo, ¿qué he hecho para no ser un parado ni un exiliado? No me esfuerzo más que muchos otros jóvenes... Entonces la pregunta debe ser otra: ¿qué no han hecho nuestros gobiernos para evitar estos dramas del paro y el exilio juvenil? Podemos resumirlo con que se quitan las pulgas de encima y la respuesta que nos dan es: «Hey, esfuérzate y búscate la vida».

Pero no lo dicen así, buscan palabras más bonitas. Primero CiU nos proponía, en su programa electoral del 2010, que trabajáramos sin remuneración ni coste para la empresa. Un eufemismo de esclavitud juvenil. Cuando vieron que los jóvenes no queríamos ni podíamos trabajar gratis, apelaron a la cultura del esfuerzo, pasándonos el muerto. «No se esfuerzan lo suficiente...», decían. Y tanto que nos esforzamos, desde hace años y no porque nos lo digan desde Palau sino porque nos van en ello el alquiler, la comida, el transporte...

Una vez superada esta fase, acuñaron una nueva versión: la emprendeduría, que vendría a ser «esfuérzate y esfuérzate, y si no sale bien esfuérzate más». Al margen de esta evolución del «apáñate tú solito» de toda la vida, se me plantea una pregunta: ¿debemos ser todos gente emprendedora? ¿La solución es que los 264.200 jóvenes en paro creen 264.200 empresas? Rotundamente no. Debe haber trabajadores por cuenta ajena, debe haber funcionarios que atiendan el transporte público, la sanidad, la educación, los servicios sociales y los demás servicios públicos. ¿O eso también lo dejaremos a la voluntad emprendedora y la cultura del esfuerzo de la gente? ¿Cuánto tardarán en exportar esta fórmula de la emprendeduría a otros ámbitos? Si no fuera por la profesionalidad del personal, en breve podríamos recibir de la Administración catalana, como respuesta a una urgencia médica, algo así como: «Esfuérzate y sé emprendedor para tu cuidado». Bisturí, bote de pastillas y a esforzarse. Si no sale bien no será cosa suya, es que no nos esforzamos. Pero mejor no darles ideas...

Y suponiendo que les hagamos caso, ¿quien comprará lo que sea que produzcan las 264.200 empresas de nuevo cuño si seguimos con una sociedad recortada y empobrecida? Nadie. Pero ya no será culpa de las administraciones, que habrán hecho excelentes planes de autoempleo, sino de las personas que no se esfuerzan lo suficiente.

Y los que tengamos trabajo, no será en las mejores condiciones, obviamente. En breve, mis compañeras de piso y los restantes trabajadores del mundo del lleure quedarán sin convenio gracias a la última reforma laboral del Gobierno del PP y la patronal del sector, que ha bloqueado las negociaciones. Si no hay acuerdo, adiós al convenio. Qué sencillo resulta dinamitar convenios: dos no acuerdan si uno no quiere.

Otro derecho garantizado del que la generación joven ya no disfrutaremos es el de la libre elección del trabajo. Debemos trabajar de lo que sea necesario y en las condiciones que toquen. Quien no lo haga debe de ser un vago y en el fondo no quiere encontrar trabajo. Recientemente, el doctor Carles Torrecilla, de Esade, cantera del Govern de los mejorables, nos decía a los jóvenes que no podemos estudiar lo que queremos, sino lo que el mercado necesite y nos dicte que debemos estudiar. Si quieren, que inviertan en robótica, pero que tengan claro que la gente joven también tenemos derechos inalienables por el hecho de ser personas. Unos días más tarde, otro doctor, Xavier Sala Martín, decía que no puede ser que los sueldos del funcionariado suban cada año. ¿En qué mundo viven? Hace años que las diferentes administraciones recortan los sueldos a los trabajadores públicos. Por cierto, los dos nos lo decían desde un atril pagado por todos, desde la televisión pública catalana.

Ahora no tenemos ni derecho al trabajo, ni derecho a que este sea digno, ni derecho a elegir de qué trabajamos. No podemos apretarnos más el cinturón ya que nos hacen llevar los pantalones muy abajo. Solo les falta invitarnos a que emigremos para no molestar. ¡Ah, no, eso ya lo ha hecho ni más ni menos que el exconseller de Empresa i (des)Ocupació de la Generalitat de Catalunya, Francesc Xavier Mena.