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Otra Ítaca

Joan Herrera

Actuar como gestores en escenarios de extrema necesidad no nos lo podemos permitir

Ítaca, en L'Hospitalet de Llobregat, es un casal de barrio. Y la libertad, en el barrio de la Torrassa se garantiza con un proyecto inclusivo, integrador y que puede garantizar las comidas a centenares de niños. Pero este año, la libertad no tiene la partida extraordinaria de otros años, provenientes del Institut Català d'Assistència i Serveis Socials.

Este año, las becas comedor han tenido fuertes carencias. No han llegado para todos los que las necesitaban. Han llegado tarde, en algunas escuelas, los comedores se han llenado a medio curso, apenas cuando se han empezado a pagar las becas y muchas familias han declinado llevar a sus hijos a la escuela porque no se podían hacer cargo del pago del 50% restante.

La situación es de urgencia humanitaria. Así lo han explicado muchos profesores que acreditan que hay niños que se van a dormir sin haber cenado o después de cenar muy poco. Así lo ha descrito la Cruz Roja al hablar de la situación de la infancia. El Síndic ha denunciado que en esta materia no es que no se hayan reforzado, sino que no han preservado las políticas y las prestaciones dirigidas a los niños, especialmente a los que se encuentran en esta situación de vulnerabilidad. Las reducciones presupuestarias en el ámbito de la infancia con la suspensión de algunas ayudas y servicios (como por ejemplo niño a cargo o la renta mínima), la disminución generalizada de determinadas prestaciones (como por ejemplo ayudas comedor) o el incremento de determinadas cuotas de acceso a algunos servicios (guardería, transporte escolar, etc.) han agravado las situaciones de vulnerabilidad de los niños que viven en entornos empobrecidos. Y la realidad es que las becas comedor pasaron de destinar 42 millones el curso 2009-2010 a los 27 millones de presupuesto vigente (que es el presupuesto prorrogado).

Hoy, la escuela es uno de los muros de contención que pone barreras a un sufrimiento infinito. Y sus profesionales a menudo son los que detectan los casos de malnutrición. Cuando cierren las escuelas cerrarán con estas los comedores donde comen muchos niños. Y los 'casals' de verano, que pueden ser la isla de libertad donde se refugien muchos niños este verano necesitan los recursos necesarios para desarrollar su tarea. A otras partes del Estado, se están garantizando las becas comedor, tres comidas por miles de niños, y un verano digno para aquellos niños que en su casa no se lo pueden garantizar. Pero en Catalunya, el Govern dice que no puede hacer más.

La política es establecer prioridades. Y el Govern lo podría hacer, puesto que hoy, mientras no hay recursos para becas comedor, se mantienen los conciertos en escuelas de élite que segregan en función de los géneros de los alumnos. Y podríamos hacer que la alimentación esté en la cartera de servicios. Y que hubiera un estrategia de choque para garantizar el derecho a la alimentación, reforzando en las partidas destinadas a comedor social y becas comedor. Y estableciendo un régimen sancionador dirigido a empresas alimentarias que tiren alimentos. Pero cuando el Govern dice que hace lo que puede, sin establecer prioridades, actúa como un gestor. Y actuar como gestores en escenarios de extrema necesidad no nos lo podemos permitir. Y de lo que se trata ahora es de no permitirlo. La sociedad, la opinión pública y la publicada, la política, no podemos permitir la no respuesta.