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MIRADOR

El PP y lo de Bárcenas

Rosa Paz

A lo mejor lo hacen como quien se toma una tila, para calmar los nervios, pero cada vez más dirigentes del PP repiten el mantra de que «lo de Bárcenas va a quedar en nada». Y lo dicen con una seguridad pasmosa, no que no hubiera sobresueldos en B o financiación irregular, como investiga el juez Pablo Ruz, sino que el caso acabará disolviéndose como un azucarillo porque la financiación ilegal no está tipificada como delito en España y porque si hubiera fraude fiscal por no haber declarado las remuneraciones extra, el delito habría prescrito. Hay quien repite además que los papeles de Bárcenas son solo fotocopias y las fotocopias no sirven como prueba procesal.

La cuestión, por lo que se ve, no es que se aclare si ha habido o no irregularidades financieras del partido y sus altos cargos -en lo que empeñó su palabra el propio Mariano Rajoy el 2 de febrero-, sino, al parecer, que no se pueda verificar que las hubo o que, si se pudiera probar, los delitos hayan prescrito por el paso del tiempo.

Mientras el caso se va ventilando, en terminología de su secretaria general, María Dolores de Cospedal, el PP que empezó negando cualquier sobresueldo, pasó a admitir que sus cargos cobraron estipendios por gastos de representación (hasta el equivalente a 10.000 euros Álvarez Cascos en 1995, por ejemplo), ha acabado por reconocer que lo que reciben los altos cargos del PP solo son sueldos del partido, que se suman a los que cobran como diputados, senadores o presidentes autonómicos.

«Todo legal», dicen. Ni en dinero negro, ni en sobres. Por transferencia y declarado. Pero eso, y el origen de tanto dinero, es lo que investiga la Audiencia Nacional y declaraciones como la del diputado Eugenio Nasarre al juez Ruz, admitiendo que recibió 70.000 euros en billetes para la Fundación Humanismo y Democracia y él lo anotó como donación anónima, alimentan las sospechas.

Pongamos que el PP dice la verdad y no era dinero negro. ¿Es que nadie piensa dar una explicación a los parados, a los empobrecidos por la crisis, a las víctimas de los recortes de sueldos o prestaciones, de por qué ellos doblan o triplican sus salarios públicos mientras imponen sacrificios a los demás? ¿O el rigor ético más estricto, la integridad más escrupulosa y la máxima transparencia, que proclamó Rajoy, son solo para los discursos?