04 abr 2020

Ir a contenido

"Todos tenemos la obligación y la responsabilidad social de aportar trabajo, esfuerzo, imaginación y, a la par, debemos ser solidarios"

El 15-M ha pasado a ser una fecha que simboliza la complejidad y el descontento de los tiempos que vivimos. Unos tiempos convulsos, en los que debemos hacer frente a una crisis institucional, política, social y económica grave. Una crisis profunda, de larga duración y que sacude a toda la sociedad, pero sobre todo a la clase media y trabajadora, especialmente por los efectos devastadores del desempleo. Todo ello crea angustia y desánimo. Y comporta un peligro para la continuidad del estado del bienestar tal y como lo conocíamos.

De hecho, un pequeña parte de la indignación que nos afecta a todos pasa por compartir el sentimiento de haber estirado más el brazo que la manga durante los años de prosperidad y de bonanza. Durante muchos años, la confianza se convirtió en un abuso y un malbaratamiento. Y ahora tenemos la evidencia que perdimos la oportunidad de realizar los cambios necesarios cuando tocaba.

Por eso ahora los ciudadanos quieren y exigen una respuesta de la clase política que ordene y oriente soluciones que provoquen los cambios imprescindibles en relación con las actuaciones del pasado y den perspectivas esclarecedoras para el futuro.

En este sentido, la política, y los políticos que la representan democráticamente escogidos en las urnas, tienen la responsabilidad de escuchar y responder con prontitud y eficacia a las situaciones siempre vivas y cambiantes que inciden sobre el país y las personas. Y hay que hacerlo profundizando y distinguiendo las diferentes problemáticas que van surgiendo.

Los gobiernos deben actuar con rapidez, con firmeza, y deben abrir procedimientos que permitan dejar bien claro que escuchan, consideran y valoran los reclamos de la sociedad. En este sentido, las nuevas tecnologías y las redes sociales pueden ser una herramienta más que les permita tener un mejor conocimiento de la realidad de cada momento.

Por su lado, los ciudadanos, sobre todo los jóvenes, tienen el deber de aportar iniciativas, proyectos e ilusiones que, utilizando los instrumentos que tienen a su alcance, permitan ir construyendo un nuevo mundo. Un mundo que será su mundo.

Tuvo que ser alguien ya viejo, el famoso Stéphane Hessel, que con el manifiesto Indignez-vous! reclamara el derecho y la necesidad de que los jóvenes y no tan jóvenes expresaran públicamente sus inquietudes y sus disconformidades y reclamaran sus derechos, y que al mismo tiempo se comprometieran con su aportación.

El 15 de mayo debería ser una jornada de reflexión para todos. Todos tenemos la obligación y la responsabilidad social de aportar trabajo, esfuerzo, imaginación y, a la par, debemos ser solidarios. Siempre, pero especialmente cuando el tiempo presente abre interrogantes que oscurecen el devenir.

El blog de Centre d'Estudis Jordi Pujol