27 may 2020

Ir a contenido

El 'milagro' extremeño

Enric Hernàndez

"Las enseñanzas de Monago resultarían aún más fecundas si el milagro extremeño hubiera sido el de multiplicar los recursos propios, y no simplemente el de beneficiarse de los ajenos"

El dirigente del PP José Antonio Monago, presidente de la Junta de Extremadura por obra y gracia de Izquierda Unida, nos ha vuelto a ilustrar sobre cuál es el recto camino en la gobernanza del país. ¿Que el Gobierno de Mariano Rajoy sube impuestos y tasas? Pues el de Monago los rebajará en Extremadura mediante un sinfín de exenciones, deducciones y reducciones de la base imponible del impuesto y del tipo de gravamen. ¿Que el Estado dicta la supresión de la paga extra de los funcionarios? Pues la Junta extremeña se rasca el bolsillo y compensa a los suyos. ¿Que otras autonomías recortan en sanidad y educación para ajustarse al mandato del ministro Cristóbal Montoro? Pues Extremadura preserva el gasto social y al tiempo, en apenas año y medio, reduce de forma espectacular el déficit público de la comunidad: del 6,8% de julio del 2011 al 0,97% del cierre del 2012.

¿Se puede hablar de un milagro extremeño? ¿Es acaso Monago el más aventajado discípulo de Keynes, un gobernante visionario con la rara habilidad de movilizar ingentes recursos en plena recesión y destinarlos a estimular el crecimiento económico mientras en toda España, en toda Europa de hecho, se impone el voto de austeridad? ¿Se está convirtiendo Extremadura en la gran autonomía emergente y en vigoroso motor de la economía española? Revisemos los datos.

El PIB de Extremadura registró en el 2012 el mayor retroceso de todas las comunidades españolas: un 2,1% de caída, muy por encima del 0,3% de Baleares, el 1% de Catalunya y el 1,37% del conjunto del Estado. Otro dato: todas las autonomías cerraron el 2011 con tasas de crecimiento de entre 0,8% y el 2,1% de PIB. Todas, salvo Extremadura, cuyo producto interior bruto retrocedió un 0,7%.

Vistas las cifras, en principio resultaría inconcebible que, con la economía extremeña en caída libre, la Junta haya logrado enjugar su déficit incluso más allá de lo exigido, ahorrándose además el mal trago de tener que reclamar el rescate del Estado a través del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA), como han tenido que hacer la Generalitat de Catalunya y otras muchas comunidades. Pero la explicación es bien simple.

Para que no se nos acuse de hacer el caldo gordo al pérfido nacionalismo catalán, recurriremos a las estadísticas elaboradas por el nada sospechoso Ministerio de Economía: las balanzas fiscales entre las autonomías y el Estado, que vieron la luz hace cinco años, aunque desde entonces nunca más se supo. Según el criterio técnico elegido (el del flujo monetario o de carga/beneficio), en el 2005 el superávit fiscal de Extremadura --la diferencia entre lo que aportaba al Estado y lo que recibía del mismo-- oscilaba entre los 25.000 y los 31.000 millones de euros anuales, del 15% al 18% del PIB.

De acuerdo con el mismo informe oficial, el déficit fiscal catalán se situaba entre el 6,38% del PIB (10.967 millones anuales) y el 8,7% (14.807). O, dicho más crudamente, en el 2005 el saldo fiscal entre Catalunya y Extremadura favorecía a esta última en una horquilla de entre 36.000 y 46.000 millones de euros anuales. No parece, sobrevenida la crisis, que la posterior reforma del sistema de financiación pudiera corregir en exceso tan mayúsculo diferencial.

Siempre es de agradecer que los gobernantes más experimentados impartan lecciones sobre cómo sanear las cuentas públicas sin perjudicar al Estado del bienestar. Pero las enseñanzas de Monago resultarían aún más fecundas si el milagro extremeño hubiera sido el de multiplicar los recursos propios, y no simplemente el de beneficiarse de los ajenos merced a una solidaridad forzosa cuyos perceptores, para más inri, se niegan a reconocer.