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Sabíamos que este Ejecutivo invertebrado que presideMariano Rajoy prefiere no explicarse. Cuando alguien le demanda alguna aclaración, se indigna tanto que parece como si se hubiera faltado al respeto a una madre. Ahora hemos confirmado que este Gobierno no sabe ni echar las cuentas de la lechera. Tanto colegio de pago y tanto paso estelar por consultoríassuperfashion, para acabar cometiendo errores que costarían un sonoro suspenso a un alumno de primaria o un despido al más humilde contable.

Van al extranjero a corregirse a sí mismos. Porque rectificar y asumir sus errores en España sería un acto de exhibicionismo, y este es un Gobierno de gente decente. Con la misma alegría acreditada para presentar sus Presupuestos de la señorita Pepis afirmando que solo íbamos a retroceder medio punto, reconocen ahora que en realidad la economía se contraerá el triple. Rectifican como si nada hubiera pasado y nadie tuviera que asumir responsabilidad alguna.

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Aquí solo estamos obligados a asumir nuestra responsabilidad los contribuyentes. Como si fuera culpa nuestra, pagaremos con el sudor de nuestro trabajo y nuestro consumo la incompetencia de un Gobierno que no solo no sabe, es que además no aprende.

Carece de importancia que la realidad dramática de las cifras desmienta la presunta utilidad milagrosa de las políticas de sufrimiento masivo aplicadas sin más orden ni más razón que la fe ciega en un puñado de gilipolleces económicas en las que ya solo creen los economistas muertos. Con el desahogo ilimitado de quien sabe que nunca va a pagar las consecuencias de sus actos y sus errores, el mudoRajoy, el rienteMontoro, el repeinadoDe Guindoso la chispeanteFátima Báñez siguen señalándonos con el dedo y echándonos en cara que los equivocados somos nosotros.