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NÓMADAS Y VIAJANTES

Chávez ha muerto

Ramón Lobo

N icolás Maduro ha perdido las elecciones celebradas en Venezuela. Podrá esgrimir los resultados oficiales que le otorgan la victoria por poco más del 1%, pero la realidad y la gravedad del revés están dibujadas en los rostros circunspectos de los dirigentes de su partido. Sin Hugo Chávez en el cartel electoral se han esfumado 600.000 votos en apenas seis meses, 10 puntos de ventaja. Sin el líder carismático, el motor de la revolución bolivariana, el futuro del chavismo parece sombrío.

El candidato de la oposición, Henrique Capriles, ha quedado a las puertas de la victoria. Se ha ganado el derecho a un tercer intento en el 2019, posiblemente antes. Capriles demanda el recuento papeleta a papeleta de los 11,5 millones de sufragios emitidos. El voto en Venezuela es electrónico. A diferencia de cuando le derrotó Chávez en octubre, esta vez no acepta el resultado: denuncia 3.200 incidencias y arroja dudas sobre el voto en el extranjero.

Puede que las condiciones no hayan sido las más favorables para la oposición, pero de mediar un fraude, el Gobierno se hubiera otorgado un poco más de holgura para evitar el sonrojo. Todas las elecciones celebradas con Chávez fueron limpias, según certificaron los observadores internacionales.

A Maduro le ha derrotado su incapacidad para mostrarse como un candidato con ideas y voz propias. Su papel de viuda doliente de Chávez resultaba desesperante y ha terminado por irritar a los venezolanos. Tanto mantra de dolor ha despertado la sospecha de que se trata de una impostura. El día de las elecciones nombró al difunto comandante 7.255 veces antes de que cerraran los colegios; aguardó el resultado enclaustrado en la academia militar donde yacen los restos y en el discurso de victoria prometió, foto del líder y crucifijo en mano, acudir a la tumba del comandante a rendirle cuentas.

El histrionismo empezó de cuerpo presente, en la santificación del difunto y en el lío que se hizo con el embalsamamiento del cuerpo. Cuando decidió conservarlo incorrupto para su exhibición pública en un mausoleo era tarde para la química. Alguien incapaz de resolver un problema tan sencillo deja serias dudas sobre su capacidad para otros más complejos.

Soluciones concretas

Durante la campaña electoral habló sobre apariciones marianas de Chávez en forma de pajarito. Fue un exceso teatral, incluso para la santería. Con los precios por las nubes, la delincuencia fuera de control y un grave problema de suministro de alimentos, los votantes esperaban otros milagros, más prácticos. El opositor Capriles, como ya hiciera en octubre, ha centrado su mensaje en ofrecer soluciones concretas a los problemas concretos, saliéndose del carril fanatizado en el que se ha instalado la oposición en los últimos 14 años.

Maduro y Capriles heredan un país polarizado, tenso, exhausto de tanto exceso y en crisis en el que solo caben dos vías: ahondar la división, incluso multiplicarla, con consecuencias imprevisibles o tender puentes en busca de una reconciliación nacional.

La figura de Chávez es tan poderosa y su personalidad tan arrolladora que no tiene sustituto. Los líderes carismáticos son tan desmesurados, ocupan tanto espacio emocional y psicológico que cuando desaparecen es imposible mantener la obra. Chávez cometió un error frecuente: nombrar sustituto a un personaje menor, sin carisma, con esperanza de manejarlo desde el hospital o desde el más allá. La escalada de Maduro a la cúspide ha tenido que ver más con su insustancialidad que con el talento. Su rival dentro del oficialismo, el presidente del Parlamento, Diosdado Cabello, ya le ha lanzado la primera puya, que anuncia una guerra civil entre herederos. Dijo que era necesaria la autocrítica.

Síntomas de agotamiento

Maduro será un presidente débil en un momento de desplome económico y con un modelo político que ofrece síntomas de agotamiento sin su creador. La inflación supera el 30%, las continuas devaluaciones del bolívar empobrecen de nuevo a los más pobres que se beneficiaron de la política social del primer Chávez. Hay éxitos indiscutibles: desde que el chavismo ganó su primera elección en 1999 el índice de pobreza ha caído en Venezuela del 48% al 27%.

Debajo del resultado electoral en bruto, simplificado en el este ganó y aquel perdió, bulle la realidad compleja de Venezuela: muchos de los beneficiarios de las políticas de Chávez han votado por Capriles, que también supo disfrazarse de heredero del comandante. De la capacidad del chavismo de alejarse de las apariciones y ofrecer eficacia dependerá su recorrido político. De momento, el único hecho inapelable tras estos comicios es que la memoria de Hugo Chávez no basta para ganar elecciones.

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