26 oct 2020

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Análisis

Los paraísos fiscales son una amenaza

Juan Hdez. Vigueras

Al relatar los escándalos sobre la utilización de los paraísos fiscales o centros off shore, se suele olvidar que es una operativa ordinaria legal en el marco europeo y en cualquier entorno, porque hasta las corporaciones chinas utilizan Hong Kong para grandes operaciones en el exterior.

Habrá delito cuando resulte ilegal el origen del dinero ocultado en los paraísos fiscales mediante sociedades mercantiles (una ficción jurídica porque carecen de actividad económica in situ y gozan de privilegios allí para su actividad en el exterior). Y siempre que se logre demostrar que el titular referido lo sea realmente y no haya declarado en su país de residencia esas rentas generadas por esas entidades instrumentales. Son los casos conocidos de la baronesa Thyssen, el exsenador Luis Bárcenas, Iñaki Urdangarin y el profesor Diego Torres o el dimitido ministro de Hollande, como tantos otros revelados últimamente por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación.

Obviamente, merecen la condena moral de los contribuyentes pero apuntan una amenaza para la democracia. Porque estos hechos bancarios, financieros o comerciales, muestran la dimensión muy dañina de los centros financieros off shore que reducen la recaudación fiscal de los estados; obstruyen la persecución del fraude fiscal, el blanqueo, la corrupción, etcétera; y, en definitiva, constituyen una seria amenaza para la credibilidad de los gobiernos y los estados democráticos.

Cuando en abril del 2009, el G-20 celebrado en Londres, con la presencia de Barack Obama, afirmó oficialmente que «se acabó el secreto bancario», nuestros gobernantes se apresuraron a declarar que los paraísos fiscales se habían terminado. Pero algunos documentamos entonces que era una cortina de humo para ocultar el fracaso reformista, como se ha corroborado después. Y es que, pese a la crisis sistémica global (irresuelta aún), aquel G-20 optó por mantener el consenso neoliberal del sistema financiero mundial garantizando el libre movimiento de capitales; y acordó únicamente modificaciones funcionales del sistema con exclusión de cambios estructurales, que fue la opción de Obama para la reforma financiera en EEUU.

Por entonces ya se incluían, entre las causas identificadas del colapso bancario, los centros off shore o paraísos fiscales como parte del shadow banking o banca en la sombra junto con otros elementos de riesgo sistémico para los mercados financieros, como los derivados, los repos, las finanzas estructuradas con filiales bancarias para recaudar fondos destinados al banco matriz.

Han crecido

Toda una amenaza para la seguridad y la estabilidad porque esa banca en la sombra sin supervisión de los bancos centrales ha crecido, según el Financial Times. Y como siguió intacta la opacidad, rasgo básico de los países y territorios considerados paraísos fiscales, aumentaron las operaciones internacionales con sociedades off shore, que operan comercialmente en cualquier bolsa o mercado sea del arte o de fincas en Argentina.