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No envidien a ningún alcalde de Badalona. Joan Blanch, que relevó al psuquero Màrius Díaz tras las segundas elecciones democráticas, en 1983, se peleó antes de las de 1999 con el aparato local del PSC, que era un nido de conflictos para la federación socialista del Barcelonès Nord. Con los años, Blanch se volvió independentista y no para de organizar movidas muy alejadas del PSC. Maite Arqué, la concejala socialista que le sustituyó, también tuvo encontronazos con el partido, muy ligado entonces a la empresa de autobuses urbanos y al club de fútbol, y fue apartada nombrándola senadora, que no estuvo nada mal. Jordi Serra, que una vez pasadas las últimas elecciones de Arqué recogió la vara de alcalde -hablamos de abril del 2008- no fue capaz de rentabilizar el pacto con CiU después de una larga tradición badalonesa de gobiernos de izquierdas. Serra perdió en el 2011, en su primera cita en las urnas, ante un Xavier García Albiol que ya había levantado la bandera de la xenofobia. Tras dos años de escándalos, irregularidades y transfuguismo en su minoritario equipo de gobierno, el primer alcalde del PP de una gran ciudad catalana se enfrenta a una probable moción de censura por parte del PSC, CiU e ICV-EUiA.

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Ferran Falcó, el jefe de filas convergente y teniente de alcalde con Serra, no se postula como sustituto del polémico Albiol. Sobre él pende una espada de Damocles llamada imputación en el caso Adigsa, de la época de los últimos gobiernos de Pujol, y ya se sabe que son malos tiempos para los políticos liados con asuntos judiciales.

Hoy no se sabe quién será el alcalde o alcaldesa, pero habrá que desearle suerte tras la experiencia de sus predecesores. Esa alcaldía tiene gafe, aunque los ciudadanos de Badalona no tengan la culpa.