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Corrida flamenca

Jaume Subirana

Del 7 al 11 de marzo, la Feria del Libro de Bruselas tendrá como país invitado a España para mostrar a «los grandes nombres y las jóvenes esperanzas de la literatura española». Visto el programa (www.flb.be), financiado por el Instituto Cervantes y la embajada de España, espero desde hace días la reacción de los columnistas de la prensa constitucionalista indignados porque la selección de autores se salte por la cara el artículo 3.3, el que dice que «la riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección». Porque entre los escritores que repersentarán a la literatura española no hay ni uno que no escriba en español. Van, eso sí, la uruguaya Carmen Posadas, el argentino Carlos Salem y el vasco Fernando Savater (invitado a un debate sobre la ética de las corridas de toros).

¿Qué comparten estos tres autores? La lengua. ¿Qué se supone que es, entonces, la literatura española? La que se escribe en español. Bienvenidos a la conclusión a la que otros llegamos hace ya tiempo, y que tantos impugnaron por tierra, mar y aire, con ocasión de la invitación catalana a Fráncfort 2007. Pero hay otro detalle que subrayar porque sí forman parte de la expedición escritores catalanes y aclimatados como Javier Calvo, Víctor del Árbol, Javier Cercas o Alicia Giménez Bartlett. Nuevamente: ¿qué tienen en común? Todos escriben en castellano. El mensaje es muy claro: «Si quieres salir a representarnos, elige la lengua correcta». ¿Qué somos entonces los españoles que escribimos en otra lengua? Le dejo a usted, amable lector, la conclusión. En Bruselas, Josep Carner, príncipe de la poesía catalana y diplomático de la República española, vivió un cuarto de siglo de exilio porque en los años 30 estas cosas no se entendían. Ochenta años después, la España democrática ofrecerá allí charlas sobre carabelas, toros, nazis y extraterrestres en la lengua única del Estado. ¡Ea!

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