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Artur Esteban: «Lo encontró mi hermano al día siguiente, entre las ruinas»

Estudiaba en la Escola del Mar cuando la destruyó la aviación franquista. Aún conserva, enmarcado, un milagroso recuerdo del infausto día.

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Artur Esteban: «Lo encontró mi hermano al  día siguiente, entre las ruinas»

JOAN PUIG

-Tengo este recuerdo. Es la revista que se publicaba en la escuela.

-L'Escola del Mar.

-Sí. La revistaGarbí. Mire las páginas centrales. Aquí.

-¿Los dibujos? ¡Ah! Ya veo. «Ilustraciones de Artur Esteban, 11 años». ¿Dibujaba? ¿Le gustaba dibujar?

-Me gustaba. L'Escola del Mar era una escuela muy especial, emblemática, de vanguardia. Todo el mundo quería ir porque era diferente, y aunque en casa éramos muy pobres, pero muy pobres, mi padre se las arregló para que entráramos; alguna amistad, o influencia, supongo.

-Hábleme del bombardeo. O sea, del recorte.

-Lo tengo aquí. Enmarcado. Mírelo.

-¿A ver? «Full trobat el dia després del bombardeig aeri de l'aviació franquista entre la runa de l'Escola del Mar, que va èsser esfondada i incendiada». Ajá… Y este es el… Claro, no recorte: trozo de papel.

-Lo que encontró mi hermano entre las ruinas. Fíjese. Es lo que quedó de la hoja de registro del curso 1931-32. Solo se leen cinco nombres, y mire…

-Enric Esteban Delgado. Joaquim Esteban Delgado. Artur Esteban Delgado. Caray. Los tres hermanos.

-¿No le parece una increíble coincidencia? Lo guardo como una joya.

-Cuénteme la historia. Qué hacía su hermano mirando entre las ruinas.

-Era el año 38, cuando los bombardeos franquistas en Barcelona. Por la radio supimos que la escuela había sido bombardeada, y mi hermano mayor, Enric, fue al día siguiente a echar un vistazo. Tenía 15 años.

-¿Y usted?

-Yo tenía 12. El caso es que Enric llegó a casa con el papel y yo no le di importancia. Luego, con el tiempo, empecé a entender el valor que tenía.

-Ah. Pero entonces se lo quedó su hermano.

-Se lo quedó él, sí, lo tuvo durante muchos años, pero me parece que lo tenía como una de tantas cosas, a lo mejor ni lo tenía colgado. Y en cambio él sabía que a mí estas cosas me gustan, por eso un día me lo regaló.

-¿«Estas cosas»?

-Los recuerdos, los documentos. Mire, esta es una foto antigua de la familia. Este es mi padre, y esta es mi madre. A ver: ¿cuántos salen ahí?

-Déjeme ver. Siete.

-Ah, pues eso quiere decir que ahí ya se habían muerto tres. Muy jóvenes… Éramos tan pobres, y lo pasamos tan mal, tan mal en esa guerra…

-Lo siento. ¿Puedo preguntarle…? ¿Cuántos…?

-¿Cuántos quedamos vivos? Yo soy el único de los hermanos que queda, de los hermanos hombres. Mujeres quedan dos. Este año cumplo 90.

-Su hermano ya murió, entonces. ¿Le dio el papel antes de morir?

-No, qué va. Mucho antes. Cuando vio que yo lo iba a valorar más. Con mi hermano estábamos muy unidos. Habrá muerto… Hace 15 años, más o menos. ¿Sabe que estuvo en la guerra? Lo hirieron, por cierto.

-¿Grave?

-En el pie. Fue una historia rara. Estaba en el Ebro. Cuando lo llevaron al hospital se encontró con el médico de cabecera, el de toda la vida, el doctor Baldrich. Se sorprendieron mucho, los dos, y el doctor le dijo: «Mira, Enric, en condiciones normales te tendría que amputar el pie, pero como no hay batallas en curso y apenas hay heridos en el hospital, voy a intentar salvártelo». Y se lo salvó. Le quedó torcido y contrahecho, es cierto, pero se lo salvó. En fin…

-En fin.

-¿Sabe que no es el primero de EL PERIÓDICO que viene por aquí?

-Ah. ¿No?

-No. Mire. Quería mostrarle el recorte. Sara González. ¿La conoce?

-La conozco. ¿Qué es esto?

-Un reportaje que me hizo sobre mis etiquetas.

-Sus etiquetas.

-Etiquetas de los hoteles y las aerolíneas. De las de antes. Las empecé a coleccionar cuando empecé a viajar por trabajo, y llegué a tener 35.000.

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-Eso son muchas etiquetas. ¿Las puedo ver?

-Ya no. Después del reportaje, justamente, me llamó un comprador. Se las vendí.