14 ago 2020

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el devenir de catalunya

Una y solo una

Josep Bargalló

"Lo de la proyección exterior es sintomático: ha sido una obsesión de la caverna, tanto de la mediática como de la política"

"España una y no cincuenta y una" ha sido un eslogan reiterado con entusiasmo durante un montón de años en las 'manis' más 'fachas' del Estado. Ahora, el eslogan forma parte del ideario de cabecera del Gobierno de Madrid --nada, no gran cosa, como mucho un par de folios impresos por una cara y grapados de cualquier manera, con el emblema de la FAES, eso sí.

El lector perspicaz quizá dirá que esto le recuerda otro eslogan esculpido en piedra en muchos edificios del franquismo, o pintado sobre la cal de la pared de los cuarteles: "Una, Grande y Libre". Y ciertamente es un recuerdo pausible: de hecho, todo forma parte de un mismo hilo conductor argumental --capaz, incluso, de hablar de libertad oficial en plena dictadura: sus herederos continúan mezclándolo todo a lo bruto. También dicen que Espriu --ahora que estamos oficialmente en su año-- dejó escrito que "Castilla ha hecho España y Castilla la ha deshecho". Sea como sea, el concepto de la "U" es consustancial para esta España inmutable, perenne, caduca, alérgica a la diversidad. Aquí sí que no cabe aquel "U Divers" de Foix. "España Una y solo Una".

La reforma educativa del ministro Wert, la ley de unidad de mercados y la normativa de proyección exterior de García-Margallo tienen muchos objetivos --regresión pedagógica, control estatal, sumisión del sector público...-- pero las une una coincidencia innegable: la voluntad de unificar, uniformizar... Y una segunda coincidencia, todavía, tener en el punto de mirar unificador y uniformizador nuestro país. Nuestra lengua y nuestra historia, la competencia de mínima intervención económica, la capacidad de proyección exterior... No en vano, todo ello --y nuestra radio y televisión públicas, que un día de estos también tendrán su ley estatal amorosamente aniquiladora-- forma parte de las relativas estructuras de identidad y de supervivencia que hemos ido construyendo desde los primeros años del pujolismo --a trompicones, con más convicción o menos-- y que el PP --la inefable Sánchez-Camacho dando la cara-- quiso borrar en los pactos de la pasada legislatura --con la ayuda, más o menos entusiasta, de colaboradores locales. En resumen, el ideario de las dos hojas mal construidas dice: ni identidad ni economía y para adelante. Expolio fiscal, expolio cultural, expolio nacional.

Lo de la proyección exterior es sintomático: ha sido una obsesión de la caverna, tanto de la mediática --desde Madrid con unanimidad y en Barcelona con algún noble aliado-- como de la política --la central y sus sucursales. Y una obsesión comprensible: hoy, solo eres si estás en el mundo. Tu identidad solo existe si la conocen y la reconocen los demás. Y en el proceso que Catalunya ha iniciado aún más: sin conocimiento no hay reconocimiento. La caverna ha mezclado demagogia con falsedades: la residencia privada terminada de construir el año pasado para el embajador español en un país del norte de África costó más del doble que el presupuesto global de todas las delegaciones de la Generalitat en el exterior. Pero, no nos engañemos: lo que preocupa Margallo, Sánchez-Camacho y toda la peña es bastante simple: que afuera vamos como catalanes.

Fuera y dentro, "España Una". Ya veréis como pronto se inventarán nuevas propuestas. Ya veo unas cuantas, pero me las callo, no sea que aún no hubieran caído.

(Por cierto, se me hace difícil ver cómo casa este "U" perenne con el federalismo. Lo que no puede ser, no puede ser ni es, ni será, como no sea que te engañen --o te dejes engañar. Hablando del año Espriu: una relectura de su magistral narración 'Conversió i mort de Quim Federal' puede ser bastante aleccionadora: "La fábula popular y edificante termina aquí".)

http://josepbargallo.wordpress.com/