29 feb 2020

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EL DESMANTELAMIENTO DEL ESTADO DEL BIENESTAR

Reproches izquierdistas contra quienes desearían más unidad

Joan Tardà

A raíz de un comentario sobre el hecho de que en una conversación con un elector de la CUP coincidiéramos en la necesidad de trabajar en todo lo que se pudiera juntos y que sería interesante para el país ir juntos (conjuntamente con los vascos) a las elecciones europeas, me sorprendió la agresividad (más que el número) de algunas respuestas.

De hecho, me sorprende que, viviendo los tiempos excepcionales actuales, que todavía esté tan arraigado el sectarismo entre las izquierdas. No solo hay quien desde la izquierda se preocupa en encastillarse y en convertir el reproche permanente de los demás en su digno de identidad, sino que pretende, además, que las otras izquierdas actúen bajo sus parámetros, como si él poseyera la fórmula y la matriz del molde del éxito.

A menudo, se menosprecia la trascendencia del momento histórico, la magnitud del ataque que sufrimos por parte del capital contra el Estado del bienestar, la inmediatez del jaque mate a los derechos sociales y civiles y la intensidad del desmantelamiento de las estructuras públicas que permitían una mínima socialización de la riqueza y la posibilidad de hacer efectiva la igualdad en derechos entre los ciudadanos garantizados teóricamente en las constituciones.

Detener el fascismo

Los momentos excepcionales exigen enterrar los sectarismos. El Frente Popular (el Front d'Esquerres catalán) reunió a comunistas comecuras y republicanos de misa dominical porque los tiempos eran muy excepcionales: había que preservar cuatro leyes progresistas republicanas, restablecer el Estatut y liberar a los presos. En definitiva, detener el fascismo. En la Alemania nazi (¿queréis una coyuntura más agresiva?) hasta un sindicalista católico que actuase consecuentemente era encarcelado. Junto a los socialdemócratas, los espartaquistas... Se pagaba el precio de la consecuencia, de la voluntad de dar respuesta a una coyuntura concretamente muy excepcional.

¿Y ahora? Tal vez, alguien puede negar también que vivimos tiempos excepcionales? Tiempo de guerra, sin duda. De una guerra que estamos perdiendo, que pretende dar la vuelta al calcetín de la sociedad que hemos ido construyendo a lo largo de la segunda mitad del siglo XX; en Europa, de manera temprana e intensa, y en España de forma retardada y debilitada. Todo amenazado como consecuencia de la guerra declarada por la transferencia al ámbito privado de los recursos públicos con los que se financia.

Izquierda rendida en Europa

Y las izquierdas en Europa apenas empiezan a reaccionar. Suficientemente rendida para no oponerse al pago de la deuda ilegítima que impone el capital, bastante debilitada por ser incapaz aún de forzar, al menos, una quita.

Momentos históricos excepcionales, en el que nos jugamos la salud de los valores democráticos de nuestras sociedades (atención al  incremento de ideas que creíamos enterradas desde Núremberg) y el funcionamiento democrático de las estructuras públicas (sumisión de la política al poder financiero y esclerosis acelerada del sistema). Es por ello que deberá ser prioritario superar dogmatismos en la izquierda. ¡No hay fórmulas mágicas! Solo un camino, enterrar el sectarismo y buscar el mayor número de puntos de contacto.

Lamentablemente, hay quien se siente a gusto en el sectarismo, ¡porque siempre ha sido el paraíso para los inmovilistas!

http://in.directe.cat/joan-tarda