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Al contrataque

Seis nombres para España

Jordi Évole

El menú de cada día. De primero tenemos independencia, de segundo unidad y de postre, algo de federalismo, porque en el menú ya no entra el café para todos. Quien quiera café que se lo pague. ¿No podríamos ampliar la carta? ¿No podríamos aspirar a un menú degustación de modelos de Estado? Claro que sí. Ahí va una carta surtida de alternativas.

Por ejemplo, ser el primer país patrocinado del mundo. España pasaría a llamarse «Estados Reunidos Geyper». Sería como un juego. En primer lugar, las autonomías se convertirían en estados. Así, se evitarían los cacaos que se montan cuando alguien reclama ser un Estado. Como ya lo sería... Además, cada Estado tendría todas las competencias en aquellas materias que son la base del Estado del bienestar: su sanidad, su educación, su policía, sus ladrones... Solo habría un gasto compartido: el del despacho donde se celebrarían las reuniones. Serían básicas: si no podemos estar muy unidos, al menos estar reunidos. Por eso, antes de iniciar cada reunión, siempre se pasaría lista para saber cuántos estados hay en cada momento, ¡ya que te podrías independizar cuando quisieras! Dependería del estado de ánimo. Pero nada definitivo porque el ánimo también es cambiante. La vida da muchas vueltas. ¿O es que está prohibido independizarse, casarse, divorciarse y hasta volver a juntarse con quien te casaste? Pues igual.

Otra opción sería pasar a denominarse «Los Estados Unidos en España» y convertirnos en un Estado asociado de EEUU. De entrada, la adaptación no sería fácil, porque nos gusta silbarles el himno y lo del «Yankees go home». Pecadillos de juventud. Olvidadas esas viejas rencillas, seríamos una piña. Porque yo nunca he visto a ningún Estado USA -excepto la Texas de Chuck Norris- que quiera independizarse. Por algo será.

Los emiratos

Una tercera vía sería cambiar el nombre de España por el de «Emiratos Españoles Unidos» para sacarnos de encima la patata caliente de la crisis: vendemos cada autonomía a un emir, y a vivir tan ricamente. Incluso, con nuestra economía saneada podríamos comprar clubes de futbol de otros países, gracias a la Spain Foundation o a la Fly Spain Emirates. Eso sí que sería estar en la Champions League de la economía.

Cuarta alternativa: llamarnos «Alemañia». Con ñ, para nostálgicos. Y ser ya sin disimulos un länder alemán. Si es que no lo somos todavía…

Quinta opción: desaparecer como país y depender directamente de la Unión Europea. Así, sin más. Se aplicarían todo tipo de recortes y la gente viviría de la economía sumergida. Más o menos como ahora pero disimulando más. Se nos conocería por «Españapas».

Tenía prevista una última opción: volver a ser «Hispania». Pero no será posible porque Italia ha decidido reducir sus provincias por cuestión de pasta. Yo haría lo mismo aquí. Sin ir más lejos, si se unificaran Palencia y Alicante, la provincia resultante podría llamarse «Palante». Pues eso, p'alante. ¿A qué esperan?

Temas: Jordi Évole

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