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Gente corriente

Myrna Mates: «Correr no tiene que ser una lucha desaforada contrarreloj»

Gemma Tramullas

La línea de salida es una hilera de adoquines colocados en distinta posición que el resto frente al foso del castillo de Montjuïc, no hay cronómetro y los participantes aportan un botellín de agua y algo de comida a modo de inscripción. Ochocientas personas correrán mañana la Cursa de l'Amistat que Myrna organiza cada primero de noviembre, una particular no-competición cuyo objetivo es disfrutar de la compañía.

-Si su padre viera la cantidad de gente que sale a correr por Barcelona...

-Alucinaría. Pero él era un visionario, ya veía que esto sería un boom. En 1978 fundó el maratón de Barcelona junto con Ramon Oliu. En aquella época, si corrías por la calle te miraban como a un bicho raro. También creó la primera carrera de mujeres, las carreras de orientación y la Cursa de l'Amistat.

-¿Por qué la llamó así?

-Mi padre tenía una filosofía muy clara: correr no tenía que ser una lucha desaforada contrarreloj, sino una actividad que te hiciera sentir bien, de la cabeza a los pies. Decía que correr era algo más que competir, que era estar con los amigos, colaborar y animarse unos a otros, porque la carrera es dura.

-Empieza en lo alto de Montjuïc y acaba en el parque de atracciones del Tibidabo. ¿Quiere matar a los corredores?

-Y encima los citamos a las ocho de la mañana... No se puede fastidiar más a la gente. Aun así, los dorsales vuelan. Empezamos 118 personas en 1980 y mañana seremos 800. Hace 32 años que no hago puente por Todos los Santos.

-Francesc Mates era muy carismático. ¿Cómo era como padre?

-La hostia. Tenía una fábrica de zapatos montada en casa y cuando yo nací no hacía más que revolverlo todo. Para que me estuviera quieta me compró unas tenacitas de sacar chinchetas -porque antes los zapatos se montaban con chinchetas- y yo era más rápida que los empleados. Iba a todas partes con él y me tiraba horas viendo cómo arreglaba zapatos.

-Las míticas zapatillas Mates.

-Mi padre era una persona muy intuitiva y creativa. De pequeño se hacía él los juguetes con cualquier cosa. Fue aprendiz en una fábrica de zapatos y a los 14 años ya se hacía sus propias zapatillas de atletismo. A los 17 se estableció por su cuenta y primero mi abuela y luego mi madre cosían el calzado.

-¡Pero si en aquella época se hacía deporte con alpargatas!

-O con unas zapatillas de lona que tenían una suela que se gastaba solo con mirarla. Mi padre fue una persona adelantada a su tiempo en todos los sentidos. Cuando nadie pensaba en ello, él ya hacía las primeras zapatillas con amortiguación. En aquella época no había los materiales de ahora y su solución fue hacer unos agujeros en la suela para que, al pisar, hicieran de amortiguación.

-El equivalente catalán de Nike Air.

-Y mucho antes que ellos. También inventó una suela para correr por la montaña que es una réplica de las ventosas de los pulpos y un modelo que imita las patas de las cabras para correr cros. En 1962 el equipo de balonmano del Atlético de Madrid se calzó las Mates y ganó la Liga. Son las mejores zapatillas del mundo.

-Fin del espot publicitario.

-Nosotros no tenemos medios para pagar grandes campañas publicitarias, la publicidad se ha hecho sola. Adidas vino a fichar a mi padre para que dejara de hacer Mates, pero su filosofía era seguir trabajando de forma artesanal. La fábrica y la tienda siguen estando en la calle de Gayarre de Sants y allí seguimos trabajando con mi madre.

-Para redondear el espot, dígame nombres que hayan calzado Mates.

-¡Uf, muchísima gente! Jordi Llopart quedó campeón de Europa de 100 kilómetros marcha con unas Mates hechas con piel de canguro que no las hace nadie. El Barça de balonmano, Kubala y N'kono han llevado Mates y también los árbitros de Primera División de fútbol. Guruceta, el que pitó un penalti de Rifé fuera del área, también llevaba Mates.

-¿Y siguieron haciéndole las zapatillas después de aquello?

-(ríe) Sí, ¡pero con los clavos hacia dentro!