El epílogo

La memoria de Aguirre

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Esta noche se disputa en Madrid un simple título deportivo, un apunte en el abultado palmarés copero del Barça o el Athletic de Bilbao. La convivencia entre ambas aficiones no se avizora, en principio, conflictiva. Solo una manifestación ultra, incomprensiblemente autorizada, amenaza la paz callejera. Pero todos los altavoces se han puesto en la probable pitada de una parte del público contra el himno de España y la Corona, representada por el príncipeFelipe en ausencia del rey Juan Carlos.

La protesta no pasaría de anécdota si no fuera por la conducta incendiaria de los pirómanos de siempre: la derecha mediática madrileña, esta vez secundada por la presidentaEsperanza Aguirrecon su ocurrencia de suspender el partido y disputarlo a puerta cerrada si se registran ofensas a los símbolos patrios. Cortina de humo muy útil para camuflar el disparatado déficit de la Comunidad de Madrid y el lío de Bankia.

Si echamos la vista atrás, comprobamos no que la memoria de algunos políticos sea frágil, sino que presenta un severo cuadro de amnesia selectiva. Solo existe un antecedente que ampare la idea deAguirre:el cierre del campo de Les Corts en 1925, tras una pitada de la afición culé a laMarcha Real. Quien clausuró el viejo estadio --e invitó al presidente del FC Barcelona,Joan Gamper, a dejar el país-- fue el generalMiguel Primo de Rivera,dictador por más señas.

En democracia, el Rey soportó en 1989 un monumental abucheo y consignas independentistas en la reinauguración del Estadi Olímpic de Montjuïc, proferidas por las juventudes de Convergència, en presencia delpresident Jordi Pujol. A nadie se le ocurrió suspender el acto, ni tampoco tras la pitada de la final de Copa del 2009 en Valencia.

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Hará bien, pues, la Zarzuela en desdramatizar la protesta de hoy. Y haría mejor si en futuras finales alentase la interpretación de los himnos autonómicos, de pedirlo algún club. Que cantar hoyEls segadorsconstituya un acto de rebeldía evoca tiempos felizmente superados. ¿O no?