06 abr 2020

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La renovación de la izquierda

El ser o no ser del socialismo catalán

Joaquim Coll

Si no acierta en la elección del líder y antepone agradar a la 'buena sociedad', el PSC tendrá mal futuro

No cabe ninguna duda de que el socialismo catalán vive momentos delicados. No se trata de una, dos o, tal vez, tres derrotas electorales consecutivas en un año. El problema al que se enfrenta el PSC es mucho mayor. Se juega su ser o no ser como fuerza capaz de articular alternativas políticas al nacionalismo en esta década. Lo que está en juego es si consigue recuperar sus señas de identidad y autoestima. O si, por el contrario, cronifica su decadencia. Y dado que en el Parlament la representación es muy plural, fruto de una gran competición electoral, el riesgo que corre es alto. Se puede consolidar una Catalunya piramidal en la que CiU ocupe el centro absoluto de la vida política sin que exista un contrapunto a su izquierda, aparte de ICV.

Por eso la celebración del 12º Congreso del PSC es tan decisiva. No resolverá todos sus problemas, pero debería convertirse en un punto de inflexión. El alcalde de Lleida, Àngel Ros, ha planteado que el PSC puede ganar el cónclave, pero perder la sociedad. Es una bonita frase, pero me temo que detrás hay un diagnóstico equivocado. Me recuerda un poco a esa disyuntiva que durante la guerra civil planteaban los sectores más radicales: «Guerra o revolución», decían. Y al final, ni una cosa ni otra. Salvando todas las distancias, que son muchas, el PSC ha de ganar, primero, la guerra en el sentido de reconstruir su espacio político. O sea, que solo saldrá vencedor del congreso si, además de preservar la unidad, sabe bien lo que tiene que hacer y decir al día siguiente. Y eso pasa por elegir una dirección fuerte dispuesta a nadar a contracorriente en lugar de complacer a ciertos cenáculos de opinión. De lo contrario, no podrá hacer llegar un mensaje nítido a la sociedad y, a la larga, nada podrá recuperar en el debate de las ideas.

Que el catalanismo se ha movido hacia el soberanismo es cierto. Pero se ha desplazado sobre todo porque CiU ha robado a ERC gran parte de su discurso. Pero la mayoría de la sociedad catalana sigue prefiriendo la autonomía o el federalismo a la independencia. ¿Por qué el PSC ha de renunciar a defender su propuesta para Catalunya y España con convicción? Las contradicciones en las que CiU caerá en cuanto Mariano Rajoy gobierne y los pies de barro sobre los que descansa la retórica de la transición nacional podrían muy bien ser utilizados por los socialistas. Artur Mas lo sabe, y por eso corre ahora a perfilar acuerdos con una ERC en proceso de satelización.

Sin duda, uno de los temas estrella será la socorrida cuestión del grupo propio en las Cortes. La llamada propuesta Bustos-Ros puede ser un buen punto de encuentro entre las diferentes sensibilidades, aunque es algo problemática desde el rigor conceptual. Pero será útil si sirve para liquidar de una vez esta cansina cuestión. Y, por tanto, el acento no debería ponerse solo en que el socialismo catalán está dispuesto a votar diferente del PSOE en algunas ocasiones, sino en la coherencia ideológica de seguir compartiendo grupo federal con el resto de los socialistas españoles. Y lo que eso representa de querer mandar más en el PSOE. La fuerza con la que el PSC defienda este acuerdo se convertirá en un poderoso factor de juicio sobre el éxito o fracaso de su congreso.

Y lo último, pero no menos importante, las personas. Utilizaré un símil. ¿Quién será el François Hollande del PSC? Tras una larga travesía, el socialismo francés es hoy una fuerza renovada que tiene muchas posibilidades de alcanzar la presidencia de la República. El trabajo de reconstruccion efectuado por Hollande ha sido importantísimo, siendo una de las figuras politicas mejor valoradas en Francia. Pues bien, la reforma que tiene que acometer el PSC es igualmente profunda, sobre todo de cultura organizativa, de actitudes e incluso de psicología. Como en cualquier otro partido, los cambios no se efectúan solo en un congreso, sino que tienen que trasladarse a toda la organización. ¿Quién mejor para realizar esta tarea, si no, que quien tenga una agenda clara de renovación y conozca bien la dinámica interna? Sobre el papel, es Miquel Iceta quien ha presentado mejores propuestas. Pero está inmerso en una duda hamletiana. Bien por falta de ambición o porque duda de si la mochila que lleva a sus espaldas, tras ocupar desde hace años cargos relevantes en la ejecutiva socialista, no es demasiado abultada para anular la imagen de renovación que el PSC necesita ofrecer a la sociedad en un primer momento. Es una duda muy razonable, pero también en el caso de Hollande su experiencia ha sido clave para lograr el renacimiento del PS francés. Cierto que no hay nadie imprescindible y que otras opciones son posibles. Ahora mismo, entre Àngel Ros y Pere Navarro anda el juego, sin descartar la carta de Carme Chacón a la presidencia de la Generalitat en el 2014. Pero el momento por el que atraviesa el PSC es tan delicado que, si no acierta en la elección del liderazgo y, peor aún, opta por la estrategia de agradar primero a la buena sociedad en lugar de reconstruir su espacio político como fuerza socialista, catalanista y federal, puede inclinar la balanza hacia el definitivo no ser del partido. Historiador.