Ante las alertas sanitarias

Por una mejor gobernanza del miedo

Hay que actuar (o no) con las buenas decisiones que la incertidumbre permita con y para las personas

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Por una mejor gobernanza del miedo

LEONARD BEARD

En la era de internet 2.0, las alertas sanitarias se convierten en globales en cuestión de minutos y son objeto de un seguimiento instantáneo, difícilmente compatible con las previsibles incertidumbres en la explicación inmediata de sus causas, y menos aún con la adopción de medidas cautelares o correctoras proporcionales al riesgo objetivo. La Babelia contemporánea y cotidiana, en la que cualquier información u opinión lucha por sus efímeros «minutos de gloria» -siguiendo la expresión deAndy Warhol-,es el caldo de cultivo en el que crecen y se multiplican a gran velocidad el miedo y la angustia. Y también la inconsistencia, la contradicción y la desconfianza.

Algunos gobernantes, empujados por la obligación de restaurar rápidamente la confianza, a veces en ausencia de evidencias suficientes sobre el qué y el cómo de un brote, una epidemia o un riesgo emergente para la salud, buscan respuestas y actuaciones más cercanas a la épica gesticulante que a la razón serena y sistemática. Las actuaciones en el caso de la pandemia gripal y, estos días, en el brote deE. colien Alemania, lo ilustran de una manera bastante elocuente. En ambos casos, los mensajes y actuaciones de las autoridades sanitarias han sido considerados por muchos como injustificados, inconsistentes o desproporcionados. La explicación de esta valoración negativa no debe buscarse tanto en la ausencia de capacidades técnicas o científicas en apoyo a la gestión de estos episodios, como en la endeblez de los modelos de gobernanza de la gestión de los riesgos globales para la salud.

Gobernar el riesgo supone el reconocimiento de que, más allá de las capacidades técnicas, hay un nivel clave de poderes públicos que tiene la responsabilidad de articular las percepciones y expectativas de la población (individuos, comunidades, sectores económicos y sociales) respecto a los peligros y riesgos para su salud con el mejor conocimiento científico disponible, para poner en marcha las actuaciones que, de manera rápida, resolutiva y socialmente aceptable, eliminen o, si no hay más remedio, minimicen ese riesgo. Y todo esto en un contexto de «sociedad más abierta que nunca» (parafraseando la visión deBergson),que hace de la transparencia y el rendimiento de cuentas el antídoto contra el paternalismo y el autoritarismo. Todo un reto.

Por eso, las estrategias de buen gobierno de los riesgos para la salud pasan por fortalecer al menos cinco aspectos clave:1. Socialización del riesgo, percibido u objetivo, que favorezca la divulgación y el debate documentado sobre su evaluación -y los límites de la misma--, su contextualización, sus costes y su aceptabilidad.2.Adopción de criterios de gestión que contribuyan a diferenciar una alerta de una alarma, y una emergencia de una crisis.3.Disponibilidad de servicios y agencias de salud pública locales, regionales, estatales y transnacionales, adecuadamente dotados y preparados, y con una coordinación ágil y permanente.4.Puesta en marcha -empezando por la UE-- de un foro ejecutivo multilateral de salud pública que ajuste, de manera participada, las respuestas de las instituciones, dotándolas de consistencia, proporcionalidad y credibilidad, evitando, y si se requiere penalizando, las actuaciones unilaterales, localistas o irresponsables.5.Potenciar las políticas de anticipación y de recuperación del funcionamiento social (laresiliencia) ante el impacto de los riesgos emergentes globales, como los derivados del cambio climático, los movimientos demográficos, las enfermedades transmisibles o la contaminación ambiental.

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Esto supone extraer y compartir las lecciones de las experiencias de éxito -muchas--, así como de los fracasos en la gestión de las «amenazas de la vida diaria» para nuestra salud. En suma, gobernar el miedo con responsabilidad significa actuar (o no) con las mejores decisiones que la incertidumbre permita, con y para las personas, fundamentales todas para el mantenimiento de la confianza colectiva.

Confío en que estas consideraciones puedan ser de utilidad para el debate actual en el Congreso del proyecto de ley general de salud pública, una ley necesaria y oportuna para una mejor gobernanza del miedo (¡y del miedo al miedo!). Ningún país ni región se encuentra a salvo de tener que hacer frente a ello en un momento u otro. En Catalunya, la ley de salud pública aprobada por unanimidad en el 2009 y la inminente puesta en marcha de la Agencia de Salud Pública son instrumentos clave para favorecer una gobernanza anticipativa, participativa y resolutiva de los riesgos sanitarios, a través de la prevención, la protección y la vigilancia de la salud, contribuyendo --de manera silenciosa, invisible y seguramente poco heroica-- a la confianza y la seguridad de todos. No podemos olvidar que la vida es irremediablemente «una enfermedad mortal», pero debe recordarse también, con las palabras de uno de los personajes deNémesis,la reciente novela dePhilip Roth sobre un brote de poliomielitis, que «fomentar menos miedo, este es tu trabajo y el mío». El de todo el mundo, me permito añadir.