10 ago 2020

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Editorial

Dinamismo exportador

Un indicador interesante es que la exportación se está portando mucho mejor que la economía. Mientras el PIB español ha crecido solo un 0,8% en el primer trimestre, la exportación catalana lo ha hecho en un 18%, y la global española, en un 16%. Es muy positivo porque desde hace meses -y no se va a corregir a corto plazo- el consumo privado está castigado por el alto desempleo, y el público, por los planes de austeridad (del Estado, de las comunidades y de los ayuntamientos) que se aplican progresivamente desde mayo del 2010 para que los mercados internacionales no dejen de financiar el déficit público. Así, el crecimiento del PIB debe basarse en el comercio exterior (mayor aumento de las exportaciones que de las importaciones), en el turismo, y en la tímida recuperación de la inversión privada.

Además, a medio plazo, el cambio de modelo productivo exige una economía en la que el crecimiento no se base fundamentalmente en la demanda interna (consumo e inversión), sino también en la internacionalización y las ventas al exterior. Y hay datos muy alentadores, ya que aumentan las empresas que exportan (unas 40.000 en Catalunya), en parte por el desplome del mercado interior que fuerza la salida al exterior, pero también por el dinamismo catalán y español. Lo demuestra el hecho de que las exportaciones de bienes de capital crezcan a un ritmo del 38% en el primer trimestre, mientras que las de los bienes de consumo lo hagan en un moderado 8%. Y también aumentan los mercados a los que las empresas venden. Así, las exportaciones catalanes -con una subida media del 18,3%- aumentaron más hacia Rusia (62%) y América Latina (25%). Aunque España y Catalunya (aquí algo menos) tienen la asignatura pendiente de Asia, donde las ventas suben por debajo de la media.

Pero el dato más revelador es el que se puso de relieve este fin de semana en las jornadas del Círculo de Economía. No es algo solo coyuntural, ya que España es el único país europeo, además de Alemania, que en los últimos 10 años no ha visto bajar su cuota exportadora (2%) sobre el total mundial. Y ello pese al gran boom exportador de China y los países emergentes. Es una prueba de que parte de nuestro sistema productivo -la industria exportadora- es ya moderno y competitivo. Y que el pesimismo económico radical, tan extendido en los últimos meses, minusvalora nuestra capacidad económica.