Caminos para salir de la crisis

Reinventar los negocios

La colaboración entre lo público y lo privado aporta nuevas fórmulas de trabajo y muchos beneficios

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Reinventar los negocios

MARÍA TITOS

A algunos miembros cualificados de la sociedad civil catalana se les pide en los últimos tiempos no solo que voten cada cuatro años sino que, además, redacten planes para salir de la crisis que el Govern pueda aplicar. Algunas cajas de ahorros no tienen otra salida para seguir realizando negocios privados que aceptar dinero público. Estos dos hechos, elegidos al azar, demuestran que la crisis añade nuevos ingredientes a la confusión entre el papel de lo público y de lo privado. En momentos de crisis profunda como la actual, ¿hay que dar el protagonismo a los negocios privados, ayudados por el sector público al precio que sea, de modo que una vez enderezados lideren el futuro? O, por contra, ¿uno y otros deben profundizar en las mutuas relaciones y protagonizar juntos la salida de la crisis en beneficio de todos? Los momentos históricos facilitan oportunidades históricas de cambio.

El primer paso para reinventar consiste en identificar el objetivo de la transacción.Galbraithdefinió las relaciones entre lo público y lo privado como «servicios a cambio de impuestos»:La cultura de la satiscacción(Ariel, 1992). El Estado ofrece aquellos bienes y servicios públicos que al sector privado no le interesan, a la vez que favorece a las personas incapaces de luchar en solitario en circunstancias difíciles. Releyendo su artículo, publicado en México en los años 80 con el títuloLa embestida neoliberal, aparece ya esta transacción ante un escenario que el actual parece haber calcado.

El segundo paso consiste en seleccionar los servicios y los impuestos que debe ofrecer el Estado en la era posindustrial y tecnológica. Vivimos en medio de una crisis tan profunda como inesperada. Aparecen muchos perdedores provisionales que requieren del Estado para sobreponerse. Estos trabajadores, estas pymes, estos emprendedores, estos investigadores, estos inmigrantes que llegaron en tiempo de bonanza pueden ser perdedores definitivos; el coste de abandonarlos a su suerte reducirá las oportunidades de todos a medio y largo plazo. ¿Ayudaremos a los bancos y abandonaremos a los perdedores provisionales de la crisis? El Estado debe acompañar a unos y otros facilitándoles formación, subsidios e inversión. En este punto, la presión fiscal no debería decaer y menos para todos aquellos que hayan sido capaces de obtener beneficios continuados durante un largo tiempo. Donde no lleguen los impuestos, aparece la vía poco explorada de los partenariados público-privados. No solo los relativos a la obra pública (todavía poco explorados), sino sobre todo los más cercanos. Mejoraría rápidamente la competitividad de nuestras ciudades, se crearían puestos de trabajo y se impulsaría la nueva economía.

Nos referimos a figuras como losbusiness improvement districtsque llevan decenios aplicándose en los países anglosajones con gran éxito. Desconocemos el motivo por el que la ley que tenía que regular estas fórmulas de colaboración público-privada en el ámbito urbanístico y empresarial no llegó a discutirse en el Parlament en la legislatura pasada.

El tercer y último paso para la reinvención de las relaciones entre lo público y lo privado pasa por conseguir la máxima rentabilidad y eficiencia. Ya no sirven solo los presupuestos públicos base 0. Hay que revisarlos en profundidad por si, externalizados o servidos de otra manera, resultaran más competitivos. La innovación es el único camino. Por eso es la época de los mejores en el sector público, tanto de los políticos como de los funcionarios, y en el liderazgo privado. El senador independiente por NavarraFrancisco Javier Tuñóninterpeló hace poco al Gobierno. Pidió que frente al desencanto de los ciudadanos por la actividad política «el Gobierno avance en la cultura de la transparencia y la fiscalización». Recordó el senador al presidente que este era un compromiso electoral de los socialistas.José Luis Rodríguez Zapaterole respondió que «avanza la transparencia», aunque asumió que queda un largo trecho.

¿Por qué a todos les da pereza legislar sobre la transparencia o sobre la auditoría pública que permitiría generalizar, de una vez, el control de las cuentas de los 21.000 entes entre estatales, autonómicos y locales?

Este tercer paso resulta inalcanzable sin el consenso. El debate público sigue denso, poco edificante. Algunos prefieren la razón, pero destacan los insultos, los exabruptos y los eslóganes groseros más que las ideas. Sin escuchar, se reduce la capacidad de alcanzar acuerdos.

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Es tiempo electoral, lo comprendemos, pero no nos jugamos un gobierno sino los futuros. ¿Acaso no existe, por ejemplo, un consenso social suficiente sobre el Estado del bienestar?, ¿o sobre las listas electorales abiertas?, ¿o sobre la financiación de los partidos políticos?, ¿y, por el contrario, también sobre la necesidad de implantar el copago?, ¿o sobre la racionalización de las plantillas de los funcionarios?, ¿o sobre la reducción de determinadas prebendas públicas?... Creemos que resulta más que suficiente bagaje para profundizar por el camino de la reinvención.

*Catedrático de Esade.