El turno

Esperando a Godot con los banqueros

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Es una curiosa manera de entender la política: los asuntos más importantes no se debaten en el Consejo de Ministros ni en la comisión ejecutiva del PSOE: el oráculo de Zapatero son los banqueros y los grandes empresarios.

Emilio Botín aconseja al presidente cuándo tiene que decidir sobre su futuro mientras en el comité federal los discursos de Zapatero llegan a durar 10 minutos sin debate posterior. Naturalmente, tal vez por pura coincidencia, en el Congreso el presidente se muestra contrario a modificar la ley hipotecaria de forma que la garantía del inmueble cancele la deuda con el banco, mientras decenas de miles de personas pierden sus casas, pero no terminan con sus débitos.

La abducción del partido por el presidente es total. Los corifeos se reúnen para escuchar y para tomar notas que les permitan despotricar a la salida de la reunión, que es como una misa laica en la que solo oficia el sacerdote: los demás pueden recibir la comunión en silencio y con recogimiento; en las homilías no hay debate…

Los militantes están esperando a Godot, porque, como en la tragicomedia del absurdo de Samuel Beckett, no se sabe quién va a venir y su llegada se aplaza cada día. Y, mientras tanto, la sangre del PSOE se derrama sobre el asfalto de las expectativas electorales.

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Nunca nadie tuvo un sentido tan patrimonial del poder. Zapatero ha instalado la confusión como sistema de gobierno y de poder en el partido. Y los espesos silencios de los militantes se basan en el terror a quedarse fuera del paraíso en que se ha convertido la profesionalización de la política.

Las elecciones autonómicas están ya contaminadas por el debate sobre la fecha en la que el líder se bajará de un cartel en el que ni siquiera va a estar. Puro absurdo. De momento, solo Sonsoles Espinosa y un amigo de Zapatero saben cuándo llegará Godot, pero no estamos seguros, siquiera, de que ellos conozcan su verdadera identidad.